Blog de la domus y la vida familiar en la antigua Roma

domingo, 23 de diciembre de 2012

Otium I. Ars venatoria, la caza en el mundo romano



El ocio, otium, romano se concebía como un tiempo disponible para el esparcimiento, como alternativa de la ocupación, negotium. Este tiempo se utilizaba de acuerdo con las posibilidades económicas, capacidades y aspiraciones de cada ciudadano.
Los ciudadanos romanos se dedicaban, cuando estaban en la ciudad, a los placeres y la ostentación. Entre las actividades de ocio se encontraban las actividades culturales y artísticas, los espectáculos de masas y los baños y banquetes. Pero durante sus estancias en el campo, su tiempo se repartía entre la supervisión de las tareas agrícolas, los juegos de azar y la caza.
Lo que cada uno hacía en su tiempo libre se consideraba reflejo de su carácter moral. Un ocio de calidad era el dedicado a la lectura, escritura, la filosofía y el debate, más propio de las clases elitistas. Las clases más populares pasaban el tiempo en tabernas y carreras de carros. Una visión negativa la proporcionaba el ocio dedicado al placer corporal, especialmente para los jóvenes.

"Pues son los placeres, sí los placeres, los que mejor ponen del manifiesto la gravedad, la rectitud, y la moderación en una persona. ¿Quién hay, en efecto, tan depravado que no muestre una cierta apariencia de seriedad en sus ocupaciones cotidianas? Somos traicionados por nuestro reposo. ¿o acaso la mayor parte de los Prícipes no consagraban este tiempo a jugar a los dados, a abandonarse a la lujuria y a cometer todo tipo de excesos, pasando, así, de la indolencia en el desempeño de las responsabilidades serias a un intenso esfuerzo en el disfrute de los peores vicios. " (Plinio, Panegírico de Trajano, 82)

Los recitales literarios, ya fueran programados por un autor para difundir su obra o los leídos en un ambiente relajado, como la sobremesa tras una sobria cena, conformaban el ideal de cómo ocupar las horas de ocio para los más elitistas.

La caza o ars venatoria era también una ocupación decente aunque no del gusto de todos. Sus raíces se remontan a los orígenes de la humanidad cuando la necesidad de supervivencia obligó a la obtención de alimentos en el entorno para acabar convirtiéndose en un pasatiempo de los ricos y poderosos en las sociedades antiguas. las actividades cinegéticas proporcionaban protección a los rebaños y ayudaban a fortalecer el carácter y el cuerpo en tiempos de paz.


Mosaico caza jabalí, Museo Arte Romano, Mérida

La práctica de la caza como actividad de placer para los reyes y aristócratas se desarrolló en las civilizaciones de Oriente Próximo y continuó en el periodo helenístico. En Roma es a partir de la dinastía Antonina cuando la caza se convierte en parte fundamental de la vida de una villa.
En una estela funeraria de la ciudad de Celti (actual Peñaflor) se describe como sería la vida de un joven propietario de una villa, y las distintas labores a la que se dedicaba, entre ellas, la caza y la pesca.

"A los Dioses Manes. Aquí yace Quintus Marius Optatus, natural de Celti y de edad de veinte años. ¡Ay, dolor! ¡Oh tú, caminante, que pasas por la acera de este camino!, entérate quién fue el joven, cuyos restos mortales se guardan dentro de esta tumba. Apiádate de él y ofrécele tu saludo. Era diestro en lanzar el arpón y el anzuelo al río, de donde sacaba abundante pesca; como buen cazador sabía clavar su jabalina en el corazón de las fieras bravas; sabía también apresar a las aves con varas untadas de liga. Además cuidaba del cultivo de los bosques sagrados, y a tí ¡ oh Diana!, nacida en Delos, casta, virgen y triforme luna, erigió un santuario tutelar en la sombreada floresta, cumpliendo lealmente el voto realizado. En el gran predio de su heredad dio feliz impulso a las tareas agrícolas, haciendo que con ellas se uniesen los extensos valles a los pintorescos paisajes y las ásperas cimas de la sierra, bien surcando los eriales con el arado, bien metiendo y protegiendo en hoyos hechos con cuidado, los tiernos sarmientos de la vid.

La caza formaba parte de la vida de los altos mandos militares que estaban destinados en tierras fronterizas y que con esta actividad deportiva se mantenían en forma ejercitándose en las armas en tiempo de paz, a la vez que imitaban a la nobleza romana en sus momentos de ocio.


Detalle mosaico de la caza menor, Villa del Casale, Piazza Armerina, Sicilia

La diosa protectora de los bosques y los seres vivos que los habitan era Diana, a la que los cazadores solicitaban les protegiera del peligro. Le prometían ofrecerle las piezas de la caza para ganarse su favor.
El legado de Augusto Quinto Tulio Máximo, de la legión VII, Gémina Félix consagró un ara a Diana con unos versos a ella dedicados. 

"Acotó la planicie de un campo y se la consagró a los dioses; y a tí, Virgen Delia Triforme, te erigió un templo Tulio, natural de Libia, legado de la legión ibera, para poder atravesar a las corzas veloces, y a los ciervos, para cazar a los jabalíes de cerdas puntiagudas, y atrapar los caballos criados en los bosques; para poder competir a la carrera o con un arma de hierro, ya sea yendo a pie, o lanzando la jabalina desde un caballo ibero." 


Ofrenda a Diana, Villa del Casale, Piazza Armerina, Sicilia

En los costados del ara se encuentran los textos con la consagración de las ofrendas conseguidas, colmillos de jabalí y cuernos de ciervos.

"Buscamos por los claros, los verdes terrenos, los llanos abiertos, corriendo con rapidez de aquí allá y por todos los campos, ansiosos por conseguir varias presas con dóciles perros. Disfrutamos traspasando la liebre nerviosa, la cierva que no se resiste, el lobo atrevido o capturando el astuto zorro; nuestro deseo es recorrer las riberas sombreadas, cazando la mangosta en las tranquilas orillas entre las espadañas, con la lanza para agujerear al amenazante turón en un tronco y traer a casa el puerco espín enrollado en su propio cuerpo de pinchos..."

El ritual de la caza empezaría muy probablemente con la ofrenda a Diana cazadora, protectora de los bosques y de los montes:

"Solo tú, Diana, gran gloria de Latona, que recorres los pacíficos claros y bosques, ven rápido, asume tu traje, arco en mano, y cuelga la aljaba coloreada de tu hombro; sean de oro tus armas y tus flechas; y deja que tus relucientes pies calcen botas púrpuras; deja que tu manto sea ricamente tejido con hilo de oro, y un cinturón con hebilla enjoyada ciña tu plegada túnica, sujeta tus trenzas enroscadas con una banda... Diosa, levanta, dirige a tu poeta por el bosque sin pisotear, a tí seguimos, muéstranos las guaridas de las bestias. Ven conmigo, que estoy aquejado de amor a la caza." (Nemesiano, Cynegetica,  s. III)


Mosaico con comida durante la caza, Tellaro, Sicilia

Los criados portarían estacas, redes y demás aparejos. Después seguiría la caza propiamente dicha. Luego el descanso con la comida, reclinados los amos en lechos mientras los esclavos servían.

 La jornada terminaría con la vuelta a casa de los cazadores  y los esclavos cargando con las piezas conseguidas.


Villa del Casale, Piazza Armerina, Sicilia

La cacería a caballo de venados y jabalíes se realizaba haciendo huir a la pieza conduciéndola hacia la fornido, una cuerda con hojas para engañar a los animales y llevarlos hasta la red, donde quedaban atrapados.

" Algunos cazadores encuentran en las plumas arrancadas del sucio buitre un elemento de ayuda. A intervalos debe añadirse el plumón del blanco cisne, y eso es eficaz, pues las blancas plumas brillan a la luz del sol, con formidable apariencia para el gamo, mientras que el horrendo olor del negro buitre molesta a las criaturas del bosque... Esta forma de terror tiene más uso contra los ciervos; pero cuando las plumas se tiñen del rojo africano y la cuerda de lino reluce , es raro que escape ninguna bestia de estos horrores simulados." (Gratio, Cynegetica, s. I.)



Mosaico de caza, Museo del bardo, Túnez

Para abatir los animales se usaban lanzas y flechas. En el equipo de los cazadores no podían faltar las redes, lanzas, ganchos. El poeta Nemesianus  del siglo III d. C., describe así las armas que se utilizaban:

"Y estas son las armas de la caza gloriosa que los robustos cazadores deberían llevar a los montes y bosques, redes, cestos de mimbre, lanzas, estacas y rápidas flechas aladas, espadas y hachas, tridentes para herir liebres, garfios y ganchos, cuerda de retorcida retama y trampas bien tejidas." (Nemesiano, Cynegetica)

"Un cuidado diligente de tus perros debe empezar al inicio del año, cuando Jano, abre la marcha del tiempo con la ronda de los doce meses. En ese momento debes elegir una perra obediente al correr y al andar a la zaga, que sea nativa de la tierra de los espartanos o de los molosos, y con buen pedigree." (Nemesiano, Cynegetica)



Grupo jabalí con perros en bronce de la Casa del Citarista en Pompeya



Los perros formaban parte de la persecución de los animales grandes o pequeños y eran muy apreciados por sus dueños, que ponían sus nombres en los mosaicos de sus residencias: 

"No para sí, sino para su amo caza el fogoso lebrel, que te traerá la liebre ilesa entre sus dientes." (Marcial, XIV, 200)

El fabulista Fedro recogió en su obra cómo empezó el hombre a utilizar el caballo salvaje para convertirlo en un animal manso que pudiese ayudarlo en distintas actividades, como el transporte, la guerra y la caza:

"Todos los días el caballo salvaje saciaba su sed en un río poco profundo. Allí también acudía un jabalí, que, al remover el barro del fondo con la trompa y las patas, enturbiaba el agua. El caballo le pidió que tuviera más cuidado, pero el jabalí se ofendió y lo trató de loco. Terminaron mirándose con odio, como los peores enemigos.


Mosaico Caza, Villa Tellaro, Piazza Armerina

Entonces el caballo salvaje, lleno de ira, fue a buscar al hombre y le pidió ayuda.
- Yo enfrentaré a esa bestia - dijo el hombre - pero debes permitirme montar sobre tu lomo.
El caballo estuvo de acuerdo y allá fueron, en busca del enemigo. Lo encontraron cerca del bosque y, antes de que pudiera ocultarse en la espesura, el hombre lanzó su jabalina y le dio muerte. Libre ya del jabalí, el caballo enfiló hacia el río para beber en sus aguas claras, seguro de que no volvería a ser molestado. Pero el hombre no pensaba desmontar.
- Me alegro de haberte ayudado - le dijo -. No solo maté a esa bestia, sino que capturé a un espléndido caballo. Y, aunque, el animal se resistió, lo obligó a hacer su voluntad y le puso rienda y montura. El, que siempre había sido libre como el viento, por primera vez en su vida tuvo que obedecer a un amo. Aunque su suerte estaba echada, desde entonces se lamentó noche y día.
- ¡ Tonto de mí! ¡ Las molestias que me causaba el jabalí no eran nada comparadas con esto! ¡ por magnificar un asunto sin importancia, terminé siendo esclavo!

Los caballos eran altamente considerados y unas razas eran más apreciadas que otras y por eso algunos autores lo trataban en sus obras sobre la caza: 

"La moteada raza de caballos árabes es la mejor de todas para carreras largas y gran esfuerzo. Y cerca están los caballos libios, incluso los que habitan la empedrada Cyrene... Los caballos toscanos y los inmensos caballos cretenses son rápidos en la carrera y largos de cuerpo. Los sicilianos son más rápidos que los árabes, mientras que los partos son más rápidos que los sicilianos... (Cynegetica, Opiano de Apamea, s. III)

Del aprecio que los ricos señores tenían a sus caballos hay muestras en el arte, en mosaicos y relieves, pero hay un ejemplo evidente en el epitafio que el emperador Adriano escribió sobre su caballo Borysthenes:

"Borysthenes el Alano,
de Cesar
podía volar
por llanuras y montes etruscos
cazando jabalíes de Panonia".





Ricos aristócratas mantenían en sus posesiones parques donde se criaban animales en libertad. La finalidad real de los propietarios de conservar estos animales en sus propiedades no está del todo clara, posiblemente fuera para recrearse dándoles alimentos y, quizás, servir ellos mismos de alimentos en los banquetes. No se sabe con seguridad si se practicaba allí dentro la caza. Varrón escribe : 

"Yo sí que vi cómo se hacía, allí más bien al estilo tracio, dice aquel, "cuando estuve en casa de Quinto Hortensio en la región de Laurentum, pues había un bosque, como él decía, de más de 50 yugadas con cercado de piedra, al que llamaba reserva de caza (therotrophium). Había allí un lugar elevado, donde, puesta la mesa, cenábamos, adonde mandó llamar a Orfeo. 
Este, que había venido con estola y cítara, habiéndole pedido que cantara, tocó la trompeta, y tan grande cantidad de ciervos, jabalíes y otros cuadrúpedos nos rodeó que el espectáculo no me pareció menos hermoso que el de los ediles en el Circo Máximo cuando se hacen cacerías sin animales africanos. (De Agricultura, III)



Mosaico de caza Túnez

La caza de animales salvajes tan representada en los mosaicos romanos, estaba destinada a los grandes propietarios de tierras en lugares como el norte de África y Oriente o a los altos cargos militares que administraban las provincias de esos territorios. Hay datos que señalan cómo se cazaban, leones, panteras, elefantes, avestruces e incluso jirafas, destinados en muchas ocasiones a los juegos celebrados en el anfiteatro, con lo cual se atrapaban vivos. La intención que tenían los patrocinadores de estos juegos al traer estos animales exóticos para los romanos era constatar el poder de Roma sobre otros países mostrando la superioridad romana al abatir las bestias que los representaban. Cuantos más animales eran sacrificados, más celebridad conseguían los promotores, pretendiendo ser más populares que sus predecesores. Por supuesto el gasto de la captura, transporte y mantenimiento de los animales era cuantioso y conllevaba una organización de la caza de animales, que sería muy posiblemente llevada a cabo por nativos del lugar donde se encontraban por su conocimiento de la zona y de la fauna existente. Es posible que soldados y residentes romanos participaran en su captura. Las partidas de caza se organizarían con profesionales locales que se encargarían de preparar los aparejos, dirigir las operaciones, encerrar a los animales y transportarlos hasta su destino. Muchos morían en los largos viajes hasta los puertos de salida y durante las travesías marítimas.


Mosaico, Museo de Trípoli

El cazador era propietario de los animales cazados por él, en su propio terreno o ajeno. Sin embargo las cacerías de elefantes sólo se podían organizar con autorización del emperador. La posesión de esta fiera era un privilegio exclusivo del emperador. Este también se reservaba el privilegio de cazar leones o de autorizar su captura. El poeta alejandrino Pancrates escribió unos versos dedicados a Adriano y su favorito Antinoo durante la caza de un león: 

"Y más rápido que el caballo de Adrastus, que una vez salvó al rey huyendo de la batalla, tal era el corcel en el que Antinoo esperaba al letal león,sosteniendo en su mano izquierda las riendas y en su derecha una lanza revestida de diamantes. Primero Adriano hirió a la bestia con su lanza de bronce, pero no le mató, porque falló adrede, deseando probar la puntería de su hermoso Antinoo, hijo del asesino de Argo. Golpeado, la bestia estaba más enfadada, y rasgó en su ira el áspero suelo con sus garras, levantando una nube de polvo que oscureció la luz del sol...." (siglo II)



El emperador Adriano fue un gran aficionado de las cacerías, que compartía con sus amigos, y parece ser que llegó a romperse la clavícula y una costilla con esta actividad.


Mosaico de caza Túnez

En cuanto a las técnicas usadas en la caza se emplearían las mismas que para los animales como ciervos, jabalíes y otros que vivían en Europa. Opiano describe la utilización de un animal como cebo en un pozo.
Un cordero o cabrito se pondría en el centro de un profundo pozo que estaría rodeado por una valla. La idea era que al oir al animalito balar, el león saltaría por encima de la valla y caería en el pozo, donde los cazadores bajarían una jaula en la por medio de un sabroso bocado harían que entrara el león. También menciona que por la zona del Eúfrates, los jinetes perseguirían a los leones con antorchas encendidas y haciendo sonar sus escudos, con la esperanza de que el león asustado por el fuego y el ruido correría voluntariamente en las anteriormente preparadas redes curvas.


Durante el Bajo Imperio se elaboraron ricos mosaicos y otras piezas artísticas con motivos de caza. Con ello el propietario de la villa deseaba mostrar el triunfo del Bien sobre el Mal, (la victoria del hombre sobre la bestia) y al mismo tiempo expresar su status social, pues solo los ricos podían dedicarse a esta actividad.



Mosaico Villa de las Tiendas, Museo Nacional Romano, Mérida

La aparición de animales salvajes en algunos mosaicos en lugares donde era imposible encontrarlos, puede significar que se copiaban los motivos de mosaicos africanos y asiáticos, además de la influencia de las venationes celebradas en los anfiteatros. La inclusión de la figura del propietario vestido de la época cazando  un león o una pantera con una lanza emulando a personajes míticos, en una villa situada en una zona donde esos animales no se encuentran podría deberse a la intención de identificarse con el emperador, pues solo los emperadores o altos cargos podrían tener la opción de cazar estos animales.


Mosaico de Adonis, Villa de Carranque, Toledo

La fusión entre el mito y lo cotidiano tiene un auténtico ejemplo en el mosaico de Adonis de la villa de Carranque, donde aparece el personaje intentando dar muerte al jabalí que luego lo mata a él, mientras Venus, su amante, asiste a la escena con Ares, que celoso de su relación con el joven podría haber sido el verdadero causante del final de su vida. En el mismo mosaico aparecen ejemplares de la fauna autóctona, como la liebre y la perdiz, junto a los perros del dueño de la villa, Leander y Titurus.



Sarcófago con la caza del jabalí de Calidón, Museos Capitolinos, Roma

El hecho de que las escenas de caza sean tan populares a partir del siglo III d.C., quizás se deba al deseo de los propietarios de reflejar en diversos ámbitos sus actividades favoritas, como la caza. Por ello también se reflejan estas escenas mitológicas de caza en las estelas funerarias y sarcófagos, donde los héroes vencen a las bestias simbolizando la victoria de los poderosos sobre la muerte. En un sarcófago romano actualmente en los Museos Capitolinos, se describe la escena en la que Meleagro abate al jabalí que tenía atemorizada a la región de Calidonia, después de que Atalanta lo hubiese herido.



Bibliografía:
https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/1425085.pdf; La inscripción del praefectus equitum Arrius Constans Speratianus, de Petavonium, y otros testimonios del culto profesado a Diana por militares; Sabino Perea Yebenes
revistas.um.es › Inicio › Vol. 15 (2000) › Martínez; Los cynegetica fragmentarios y el fracaso del cazador; Sebastián Martínez
https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=83861; Consideraciones sobre el animal en la Historia de los Animales de Claudio Eliano; Louis Medina Mínguez
https://digital.csic.es/handle/10261/16509; La caza en el mosaico romano. Iconografía y simbolismo; Guadalupe López Monteagudo
ABC-02.11.1955-página 017; Antonio García Bellido



jueves, 15 de noviembre de 2012

Ars picturae, pintura mural en la domus romana

Villa San Marcos,  Castellammare di Stabia

La función de la vivienda romana era proporcionar a su propietario el lugar más agradable posible donde relajarse, pero también ofrecerle un entorno figurativo y cultural para celebrar reuniones y encuentros sociales. La distribución de las estancias y de la decoración tiene un papel fundamental en la construcción de estas casas que inspiran una gran sensación de lujo.
Las pinacotecas, las salas de bordar, los estudios de pintura, se orientarán hacia el norte para que los colores mantengan sus propiedades inalterables al trabajar con ello, pues la luz en esta orientación es constante y uniforme. (Vitruvio, De Arquitectura, VI, 4)


Casa de Terencio Neo, Pompeya
Este estilo de vida no era patrimonio exclusivo de los ciudadanos nobles y acomodados, sino que fue adoptado paulatinamente por más clases sociales que destacan la posición y culturas adquiridas con espléndidas creaciones artesanales, entre las que la pintura mural era una de las preferidas.
"Había, en efecto, un mural que representaba un mercado de esclavos con sus respectivas leyendas. También estaba representado el propio Trimalción - con largas melenas de esclavo y con un caduceo en la mano - entrando en Roma de la mano de Minerva.En otro plano se representaba cómo había aprendido a calcular y cómo llegó más tarde a ser administrador. Un pintor detallista había descrito minuciosamente toda su vida en cuidadas leyendas. En el extremos del pórtico se veía como Mercurio levantaba a Trimalción por el mentón subiéndolo hacia un estrado superior. A un lado estaba la Fortuna con el cuerno de la abundancia a rebosar y, al otro, las tres parcas dando vueltas a sus husos de oro. (Petronio, Satiricón, 29)

Los propietarios de las casas elegían los elementos pictóricos con la ayuda de hábiles artesanos entre una enorme variedad de temas de la iconografía griega. los romanos asimilaron la cultura helenística y sus obras de arte, gracias a sus conquistas y a la llegada de artistas griegos a las ciudades de la antigua Italia.
Sobre las paredes se plasmaron paisajes arquitectónicos, exuberantes jardines, animadas escenas de la vida cotidiana y naturalezas muertas, aunque los temas favoritos eran las pinturas que representaban escenas mitológicas. Todo el mundo podía reflexionar sobre las situaciones y emociones experimentadas día a día al observar las leyendas de los dioses y las proezas de los héroes, y extraer de esas lecciones y modelos de conducta enseñanzas necesarias para la vida.

Venus, Casa de Venus en la Concha, Pompeya
En el mundo romano las narraciones mitológicas incorporaban un mensaje, primero adoptado por la élite y posteriormente por grupos más amplios de la sociedad , para manifestar un auténtico sistema de valores, en el que se podían reflejar situaciones y emociones como la devoción por los dioses y la familia, el amor y la fidelidad dentro del matrimonio, el comportamiento virtuoso, el esfuerzo por conseguir lo que se pretende, el interés por el mundo cultural y artístico, pero también la certeza del castigo.
Entre la variedad de temas mitológicos, los preferidos eran el amor entre los dioses (por ejemplo Marte y Venus) o entre los dioses y los mortales. Las imágenes de Venus son muy numerosas en Pompeya por ser la deidad protectora de la ciudad.

Hércules, Casa de Hércules, Celsa
La alusión y al amor evocaban de la mano de Dioniso y sus acompañantes, sátiros y ménades, la orientación hacia un mundo de liberación y diversión. También los amorini o erotes, figuras del dios Eros niño, aludían al sentimiento amoroso y los placeres de la vida.
Las leyendas de los héroes griego fueron adoptadas por los romanos, que comparaban sus gestas con comportamientos que les llevarían a la dignidad y prosperidad. Hércules, como héroe y semi-dios, además de los personajes del ciclo troyano aparecen con frecuencia en las representaciones pictóricas. También los castigos ejemplares por parte de los dioses hacia los humanos por su impiedad hallaron su lugar en las pinturas murales. no faltaban los temas referentes a la producción literaria y teatral. Las máscaras y los retratos de poetas y filósofos, aparte de función decorativa, podían evocar un estilo de vida dedicado a las artes y el interés de los propietarios por demostrar sus conocimientos intelectuales a sus invitados.

Con las pinturas de jardines, los propietarios deseaban trasladar la belleza y la tranquilidad de las zonas verdes hasta las paredes de sus hogares. Este tipo de pinturas empezaron durante la era de augusto. Su esposa Livia mandó decorar varias estancias de la villa que se habían construido a las puertas de Roma. Hizo pintar frescos únicos que representaban un jardín repleto de distintas variedades de plantas con sugerentes flores.


Casa de Livia, Museo Nacional, Roma
Un pictor experto podía reproducir cualquier variedad vegetal, especie animal y todos los elementos de un jardín real, incluyendo enrejados, balaustradas, estatuas y fuentes de agua. Se pintaban jardines en estancias interiores como comedores, en los que se podía así disfrutar de un paisaje "natural", como si estuvieran en un jardín de verdad.

"Studius fue el primero en introducir la atractiva moda de pintar las paredes con villas, pórticos y jardines, bosques, colinas, estanques, canales y ríos - cualquier cosa que uno pudiese desear, y en ellos representaciones de personas paseando, navegando, viajando a sus villas a lomos de un pollino o en carruajes, y además gente pescando, cazando, o vendimiando ... También fue él quien introdujo la práctica de pintar ciudades costeras en terrazas abiertas, produciendo un efecto encantador con mínimo gasto. " (Plinio, NH, XXXV, 116)

En cuanto a la parte técnica del trabajo artístico, según Vitruvio, se empleaban seis capas preparatorias para dejar los muros dispuestos a recibir la pintura. Primero se aplicaba con la llana una capa de yeso que se repasaba con la plomada y la escuadra, para encuadrar las pinturas. Una vez seca, se extendía una segunda y tercera mano con el fin de hacer más sólido y estable el revestimiento. Después se añadía una capa de polvo de mármol, a la que antes de secarse se le aplicaba una nueva mano de polvo de mármol más fino, y por último se volvía a extender una capa de polvo de mármol más fina aún. Sin embargo la mayoría de las pinturas murales se componían de tres capas de preparación.

Cuando la superficie estaba ya preparada para recibir los pigmentos, éstos se aplicaban directamente sobre el enlucido fresco, ya que la cal húmeda se fusionaba con ellos, para mantener vivos los colores. la técnica más común para aplicar los pigmentos era la del fresco, bien disolviendo los colores en agua y extendiéndolos sobre el enlucido fresco, o aplicando los colores disueltos en agua de cal sobre el enlucido seco. Otra técnica, la del temple, consistía en utilizar los colores disueltos en un aglutinante como el huevo, caseína, cola animal o vegetal. Entre los instrumentos utilizados por los artesanos se pueden citar el mortarium, donde se mezclaba la cal y la arena, la llana o trulla, las reglas, plomadas, escalas, compases, pinceles y los andamios. La pulverización de los pigmentos para la preparación de los colores se hacía en un mortero y parecía realizarse in situ, por los restos encontrados.


Los tonos naturales hechos con pigmentos de tierra funcionaban mejor en la técnica al fresco. El negro se conseguía quemando sarmientos mezclados con gluten. Plinio distingue dos categorías de pigmentos. los floridos,  materiales caros y raros, pagados y proporcionados por el patrón, entre los que destacan el cinabrio, el famoso rojo pompeyano, el minium o bermellón, la chrysocolla o malaquita, verde, el azul índigo de la India o el color púrpura de Tiro, extraído del molusco múrex. Entre los austeros, se citan los ocres tierra y el azul egipcio.

La complejidad del proceso de realización de la pintura mural, por no mencionar el número de tareas sin delimitar, hace suponer cierta planificación previa. Probablemente los talleres tendrían un repertorio de motivos en pergamino que luego serían adaptados a las dimensiones de cada pared concreta. Las figuras estarían encomendadas a un especialista, pictor imaginarius, el pintor de los demás motivos sería el pictor parietarius. Los revestimientos parietales serían preparados por un tector, el dealbator se encargaría de blanquear las paredes con cal líquida y el colorator las pintaría de un solo color. Estos talleres podrían haber sido itinerantes y haberse desplazado a cumplir encargos a diferentes partes del Imperio, por lo los temas y estilos se difundirían por todas las regiones, y los artesanos locales bien podrían haberse limitado a reproducir los patrones que copiaban de los artesanos venidos de fuera.
Los más conocidos estilos pictóricos de Roma son los llamados estilos pompeyanos, por haberse descubierto en la ciudad sepultada de Pompeya las pinturas mejor conservadas de la época más floreciente del imperio romano. "Siguiendo un proceso evolutivo, empezaron a representar las formas de los edificios, el relieve de las columnas y el vuelo de los frontones. En espacios abiertos, como son las salas para las tertulias, debido a la amplia superficie de sus paredes representaron los frentes de escenarios decorados para tragedias, comedias o sátiras. Adornaron los paseos cubiertos con paisajes y jardines, que imitaban las características de lugares naturales; se pintaban puertos, promontorios,costas ríos, fuentes estrechos, templos, bosques, montes, rebaños y pastores. Algunos pintaban incluso cuadros de grandes dimensiones con imágenes de dioses o bien escenas de leyenda, como la guerra de Troya o las aventuras de Ulises." (Vitruvio, De Arquitectura, VII, 5)


Villa de Popea, Oplontis
El primer estilo o de incrustaciones (s. IV - I a. C.). Se imitaban bloques de piedra o placas de mármol de finas vetas encontradas en los muros de los palacios helenísticos.

El segundo estilo (80 - 15 a. C.) o arquitectónico. Se emulaban espacios arquitectónicos y se introdujo la perspectiva quizás bajo la influencia de los escenarios teatrales. Los pintores crearon la ilusión de que la vista del espectador se extendía más allá de los muros alrededor, incluyendo los paisajes con jardines. A menudo representaban contraventanas descansando en cornisas, rollos de papiro, o vistas desde las ventanas.

Tercer estilo (15 a. C. - 50 d. C.) u ornamental. Desde Augusto a los primeros años del reinado de Claudio. La decoración se hace extremadamente fina y lineal. Desaparecen los efectos espaciales arquitectónicos, pero la decoración sigue enmarcando cuadros con figuras o paisajes. También se representan escenas bucólicas, inspiradas en Virgilio.


Marte, Casa de Venus en la Concha, Pompeya

Cuarto estilo (50 d. C. - hasta la desaparición de Pompeya) o de ilusionismo. Hay un interés por los espacios y la sensación de profundidad, y se crea una ilusión arquitectónica. se incluyen cortinajes, animales fantásticos, amores infelices. Las figuras ocupan gran extensión e importancia, ocupando el lugar que hasta entonces tenía la escultura, en la necesidad que el romano sentía siempre de imágenes.


Pintura de una domus, Museo Zaragoza

La pintura mural romana siguió en el Alto y Bajo Imperio, tanto en Italia como en las provincias romanas.
En España se han localizado restos en diversas zonas, pertenecientes a distintas épocas y estilos, aunque en algunos casos solo se han hallado fragmentos o restos muy mal conservados. En el museo de Zaragoza se muestra un panel de una pared que corresponde a la época de Adriano,   s. II d.C., con decoración geométrica y vegetal.



lunes, 5 de noviembre de 2012

Fons, fuentes ornamentales en la casa romana

Casa de los Repuxos, Conimbriga, Portugal
Las fuentes y surtidores de los jardines se convirtieron en un elemento decorativo sustancial de las zonas privadas de las casas y villas romanas. Los ricos propietarios disfrutaban de agradables cenas en comedores al aire libre acompañados del murmullo del agua y el frescor de la vegetación, además de recrearse la vista con la ornamentación de estatuas y otros elementos arquitectónicos dispersos por el jardín.


"Fuente de mi señora, de la que Jantis, reina del lugar, presume, gloria y ornamento de una ilustre morada. Dado que tu orilla se engalana con tantos sirvientes blancos como la nieve y tus aguas relucen con un coro de Ganímedes, ¿qué hace el Alcida consagrado en ese bosque? ¿Por qué vive un dios en esa gruta tan cercana? ¿Acaso vigila los consabidos amores de las ninfas, para que tantos Hilas no sean raptados a la vez? (Epig. VII, 30)

 Así describía el poeta Marcial la fuente de la casa de Estela, con un ninfeo dedicado a Hércules y un grupo de estatuas rodeando el estanque.


Casa de la Fuente Pequeña, Pompeya
En la Casa de la Fuente Pequeña de Pompeya, encontramos un nicho con forma de frontón cubierto de mosaico de pasta vítrea y conchas marinas. Se vierte el agua desde una máscara en el centro del nicho a un canal de mármol. Los frescos de colores brillantes de las paredes ofrecen paisajes ilusionistas de los pequeños espacios del jardín.

El acueducto Aqua Augusta, construido por Octavio, se edificó a finales del siglo I. a.C. y proporcionó un suministro ininterrumpido de agua a varias ciudades, incluida Pompeya. La llegada de una constante fuente de agua corriente en esas ciudades permitió a los residentes cultivar jardines más elaboradas. Los jardineros pudieron incluir en sus diseños, surtidores, canales, estanques y fuentes esculpidas según las estatuas griegas. Los propietarios también podían regar los huertos.
Los primeros surtidores surgían a un nivel bajo, y su borboteo parecería el de un pequeño manantial natural. Su efecto sería mayor al poderse utilizar en las grutas cubiertas de musgo que se incluían en los jardines. Nuevas tecnologías facilitaron el uso de chorros más altos para lograr que el agua salpicara y se viesen efectos de luz.
El acceso al agua de ríos, manantiales y cisternas se realizaba por tuberías, mediante la gravedad. Si el agua se encontraba a un nivel por debajo de la fuente, se utilizaba una noria para elevarla hasta un tanque por encima de ella. La limitación del agua disponible en una cisterna obligaba a utilizar las fuentes solo durante algunas festividades.
El agua procedente de las fuentes se aprovechaba para irrigar los jardines y huertos de la casa. las fuentes con agua corriendo sin interrupción solo podían funcionar con el suministro del acueducto público, lo que suponía un gran gasto, y era muestra de la riqueza y extravagancia de los dueños.

Las fuentes de pared solían tener forma de cabeza de león u otros animales salvajes, esculpida en piedra por cuya boca caía el agua, que se recogía en un pequeño canal. La grotesca cabeza de Sileno y otras testas inspiradas en el cortejo dionisiaco servían, con sus fauces abiertas, como boca de fuente. Las fuentes más elaboradas constaban de varias cabezas, cada una con un chorro, que iba a dar en un canalón común.
"Hacia la mitad de la galería hallamos adosada a ella y ligeramente metida hacia dentro, un ala del edificio que incluye un pequeño patio interior al que dan sombra cuatro plátanos. En medio de estos árboles una fuente de mármol rebosa siempre de agua y baña con suave riego los plátanos de alrededor y la vegetación que crece a los pies de éstos." (Plinio, V, 6)


Casa de Venus en la concha, Pompeya

Las características fuentes de pila del jardín romano consistían en recipientes de piedra o mármol llenos de agua, de los que emergía un chorro bajo de agua. Las pilas, acanaladas a veces, solían tener un reborde ancho. Algunas se elevaban sobre pedestales o bases talladas. En frescos con temas de jardín, las fuentes de pila se incluían en una línea de balaustrada.
Las escaleras de agua eran cascadas artificiales situadas en el muro de un jardín, en las que el agua se derramaba por un tramo de escalera para terminar en un estanque debajo. La luz se reflejaba en el agua al caer y el murmullo al salpicar inundaba el jardín. Los escalones se construían de piedra o cemento cubierto de mosaico.
Fuentes de menor tamaño o talladas en mármol, eran ornamento para un patio exterior o una sala de recepción interior, como un triclinio o atrio.

"Tras la estatua de la diosa, se yergue una roca simulando una gruta con musgo, césped, hojas, ramas, así como pámpanos y arbustos, todo ello florecido en mármol. En el interior de la gruta la sombra de la estatua se ilumina con el resplandor del mármol ... y, si, inclinándote, contemplaras la fuente que, discurriendo a los pies de la diosa, se mueve en suaves ondulaciones, te daría por pensar que, colgando como están aquellos racimos de la roca, no echan de menos entre otros toques de realismo, el rasgo del movimiento." (Descripción del Atrio de Birrena, Apuleyo, Las Metamorfosis)

Los estanques variaban en tamaño desde el pequeño en un patio exterior a una piscina donde disfrutar de un refrescante baño o realizar ejercicio físico. En su forma el diseño comprendía formas geométricas simples como un cuadrado o rectángulo, hasta grupos complejos de formas entrelazadas, a veces a distintos niveles y unidas por cascadas. Recesos a lo largo de su perímetro alternaban formas semicirculares y rectangulares. Proporcionaban retiros sombreados y huecos para alimentar los peces que se criaban en ella, se daba mucho valor a los reflejos de luz de sus superficies.


Canopo, Villa Adriana, Tívoli
Se construían en cemento, y en las grandes éste se vertía sobre los pilares de madera, para conseguir mayor estabilidad. las tuberías se hacían de madera o plomo. Aunque la superficie interior a veces se pintaba de azul, en otras se utilizaban baldosas. Las más artísticas se decoraban con mosaicos geométricos o con motivos marinos. En el borde se utilizaba mármol o piedra.
Largos canales artificiales que imitaban los arroyos naturales se incluían en los jardines. El agua se hacía fluir por una cascada escalonada y caía en un canal estrecho y alargado que atravesaba el jardín. Es posible que por algún mecanismo hidráulico se consiguiese el efecto producido en el Euripus, estrecho natural en Grecia, por el que el agua fluye primero en una dirección y luego en otra, según la marea; y de ahí que así se llamasen algunos de los canales de los jardines.




El repertorio de estatuas que decoraban las fuentes y estanques incluían personajes mitológicos, como divinidades, ninfas, delfines, tritones, faunos y niños. Las que se hacían de bronce solían ser más pequeñas y podían ocultar las tuberías del mismo material.
Las náyades eran las ninfas de agua dulce protectoras de fuentes y manantiales. El dios romano de las fuentes, cascadas y pozos era Fontus, cuyo festival, Fontinalia, se celebraba el 13 de octubre en Roma. Ese día se arrojaban flores a las fuentes y se adornaban los brocales de pozos con guirnaldas.


Detalle Mosaico Pegaso, Villa Almenara, Valladolid 







"Palas: Me han contado la historia de una fuente que pegaso con su dura pata hizo salir de esta montaña. Las maravillas que de ella me han contado me han hecho venir hasta aquí. Como yo estaba presente cuando Pegaso nació de la sangre de Medusa, ahora quiero ver si es cierto el prodigio de la admirable fuente. 
Musas: Cualquiera que sea el motivo de tu llegada, ¡oh diosa!, nos sentimos venturosas de tu presencia. Es cierto que fue Pegaso quien ha hecho brotar estas aguas de que hablas.
Condujo una de las Musas a la diosa hacia la fuente, quedándose por largo tiempo admirada. Visitó los antros y las cuevas, viéndose por todas partes gran cantidad de flores mezcladas con la hierba del prado." (Metamorfosis, V, 2)


En la literatura se describe el nacimiento de ríos, manantiales y fuentes, que también encuentran reflejo en el arte, como mosaicos y pinturas. Ovidio cuenta cómo la diosa Palas Atenea visita la fuente de Hipocrene en el párrafo anterior.

lunes, 9 de julio de 2012

Codex, la cultura de los libros entre los antiguos romanos

MAN, Nápoles
"Contigua a esta zona hay una habitación que adopta una forma curva, a modo de semicírculo, y que sigue el recorrido diario del sol desde todas sus ventanas. En una de sus paredes hay empotrado un armario destinado a servir de biblioteca que contiene una selección de obras no solo dignas de ser leídas, sino de ser leídas continuamente." (Plinio, Ep. II, 17)

Las casas de los romanos ricos incluían estancias habilitadas como bibliotecas. En la villa de los Papiros, en Herculano, se encontraron casi 2000 rollos de papiros carbonizados, escritos principalmente en griego. Buena parte de los papiros encontrados estaban colocados en cajas, en estanterías y en un armario. Pequeños retratos de medio cuerpo de antiguos literatos y filósofos indicaban sobre los estantes las subdivisiones por autores:
"Cualquier libro estaba a mano; te podías imaginar mirando a las estanterías de un erudito profesional o a los estantes en el Ateneo o a las librerías de los libreros. la disposición era tal que los manuscritos cerca de los asientos de las mujeres eran de tipo devocional, mientras que los que estaban entre los bancos eran trabajos de los mejores de la elocuencia latina; éstos, sin embargo, incluían ciertos escritos de autores que aunque similares en estilo mantienen diferentes doctrinas; porque era frecuente práctica leer a escritores cuyo arte es del mismo tipo - aquí san Agustín, allí Varrón, aquí Horacio, allí Prudencio. (Sid. Apol.)

Vitruvio ya mencionó que las bibliotecas deberían incluirse entre las estancias de las casas: "Las bibliotecas deberán orientarse hacia el este, ya que el uso de estas estancias exige la luz del amanecer y, además, se evitará que los libros se pudran en las estanterías. Si quedan orientadas hacia el sur o hacia el oeste, los libros acaban por estropearse como consecuencia de las polillas y de la humedad (Vit. De Arq. VI)


Mausoleo Gala Placidia, Ravenna
 Poseer una biblioteca suponía tener cultura y también riqueza. Los libros eran un bien de inversión que se revalorizaba con el tiempo y que, a veces, se exhibían como elemento decorativo en comedores, para que los invitados admirasen su importancia. Los estantes y armarios se hacían de maderas nobles con adornos en marfil. Los bustos de literatos realizados con caros materiales además de ornamento mostraban la admiración del propietario hacia ciertos escritores. Sin embargo, algunos no dudaron en criticar la falta de cultura de algunos que no distinguían el verdadero valor de los escritores representados: "¿De qué sirven tantos libros y librerías, si su dueño apenas leyó en toda su vida los índices? La cantidad de libros resulta pesada y no enseña; y así te será más seguro entregarte a unos pocos autores, que errar siguiendo a muchos... Se debe tener, pues, la cantidad suficiente de libros, sin que ni uno solo sea por ostentación...Encontrarás que muchos ignorantes tienen todo lo que se ha escrito de oraciones y de historias, teniendo estanterías de madera de citrus y marfil llenas de libros hasta los techos; porque incluso en los baños se hacen librerías, como lujo forzado en las casa. Lo excusaría si fuera fruto del deseo de estudiar; pero ahora estas exquisitas obras de genios consagrados, con sus imágenes talladas, se buscan para adornar las paredes." ( Sen. De la Tranquilidad del ánimo, IX)

La cultura era, por tanto, un producto para disfrutar y para representar el status del dueño de la casa.
Lúculo es considerado un precursor del colecionismo de libros al crear una biblioteca privada en el siglo I a.C., que se abrió a todos, pues antes de las bibliotecas públicas, hubo colecciones particulares que los nobles romanos buscaban y se procuraban a gran precio o se llevaban de las ciudades griegas conquistadas y este afán continuó activo en los demás siglos del Imperio.
"El primero que introdujo en Roma gran cantidad de libros fue Emilio Paulo, después de la derrota de Perseo, rey de los Macedonios; después de él, Lúculo, como parte del botín del Ponto."

El volumen era el rollo de papiro, formado por varias hojas, hasta formar una tira larga de varios metros, donde los romanos podían escribir textos amplios. Se escribía en columnas paralelas en sentido horizontal, , por lo que había que desenrollar en ese sentido para proceder a la lectura.
El papiro, planta procedente de Egipto, era cortado por los antiguos egipcios que se metían en el río en pequeñas barcas. Allí cortaban las plantas por el tallo y las iban empaquetando en fardos, y una vez en tierra las limpiaban. Arrancaban las hojas y la parte exterior del tallo, que es la más dura, porque lo que se utilizaba era la médula de la planta. Luego la partían en finas láminas que después colocaban horizontalmente, y por encima de forma transversal. Más tarde se prensaban con pesos y entonces los tallos soltaban una savia pegajosa, que servía de pegamento, y posteriormente se dejaba secar la hoja de papiro durante varios días. Para hacer más fina la hoja y mejorar su calidad se pulía con una piedra. La hoja de papiro preparada para escribir se denominaba charta: "No tienes por qué considerarlos regalos pequeños, cuando un poeta te regala folios en blanco." (Chartae maiores, Marcial, XIV, 10)

 El umbilicus era un cilindro de madera o marfil donde se enrollaba el papiro. Los extremos torneados se denominaban cornua. El titulus era la etiqueta con el nombre del documento.


Detalle scrinium, Museo Vaticano
El aceite de cedro se usaba como conservante para los rollos de papiro y éstos se guardaban en cajas de madera de ciprés, dura y resistente. El cedro y el ciprés son árboles de madera noble y aromática:   
"Podemos esperar que se creen poemas dignos de aceite de cedro y de cajas de pulido ciprés?" ( Hor. Ars Poética)
Los rollos se guardaban en una cesta redonda de piel con una tapa, que se llamaba capsa o scrinium. Capsa es una cesta para transportar cualquier cosa, mientras que scrinium parece ser un recipiente especialmente para conservar y transportar los papiros.
El pergamino (membrana) se hace con la piel tratada de una res y podría tener su origen en Pérgamo. Se limpiaba de suciedad, se eliminaba el vello y los restos de grasa, dejando una capa muy fina. Se dejaba unos días en cal y luego se extendía y tensaba en un bastidor para secarla. por último se alisaba con piedra pómez. Era más caro, pero duraba más y podía escribirse por las dos caras, y fabricarse en cualquier parte.
Tablas de cera, Casa Cecilio Jocundo

"Así que mis astutas tablillas se han perdido, y, por tanto, muchos buenos textos también! Estaban muy gastadas por el uso de mis manos, y buscaron la buena fe al no estar selladas. Además sabían como pacificar a las chicas, y pronunciar palabras elocuentes, sin mí. Ningún adorno de oro las hacía preciosas; eran de cera sin lustre sobre madera de boj ordinaria. Tales como me eran fieles así permanecieron, y siempre produjeron un grato efecto. (Propercio, Las tablillas perdidas, III, 23)

El pergamino podía borrarse con una esponja y utilizarse para volver a escribir, lo que se llamó palimpsesto.
"Piensa que son ceras, aunque éstas se llamen pergamino. borrarás cuantas veces quieras renovar lo escrito." (Pugillares membranei, Marcial, XIV,7)

El codex o códice estaba formado por un conjunto de hojas de papiro o pergamino que se doblaban en cuadernillos, unidos por una costura. Tenía ventaja sobre el rollo porque era más fácil encontrar un pasaje, al no tener que desenvolver todo, se podía guardar más cómodamente en una biblioteca y admitía decoración con miniaturas. El avance del Cristianismo supuso el impulso del códice sobre el rollo y su progresiva utilización.




La tabula cerata era una pequeña plancha de madera, un poco rebajada por el centro, en la que se vertía cera, normalmente tintada de negro. Cuando la cera se endurecía, se podía escribir sobre ella mediante un punzón, por lo tanto la escritura se grababa. Las tablas podían ser simples, pero también se unían mediante finas correas de piel, como un libro y se le llamaba duplices, triplices, multiplices: "Entonces no considerarás mis triples tablillas regalos sin valor: cuando tu amiga te escriba que está al llegar." (Triplices, Marcial, XIV, VI) Podían adornarse exteriormente con marfil, y joyas.

El punzón para escribir se llamaba stilus o graphium; la punta era afilada para escribir y el otro extremo era romo para borrar. "Tuyos serán estos plumieres provistos de sus estilos; si se los das a tu niño, será un regalo importante." (Graphiarium, Marcial, XIV, 21)
Otros instrumentos para escribir era el calamus, un trozo de caña que se utilizaba sobre papiros y pergaminos, se cortaba un extremo en forma oblicua mediante un corta plumas. Penna scriptoria eran las plumas de las alas de las aves.
La tinta para escribir, atramentum librarium, se hacía con hollín proveniente de la combustión de resinas, mezclado con goma. "Se hacía con hollín de varias formas, con resina quemada o pez: y para este propósito se construyen hornos, que no dejan escapar el humo. Se hace de esta forma con madera de pino: se mezcla con hollín de los hornos o de los baños y se usa para escribir los rollos de los papiros. A veces se hace tinta hirviendo y escurriendo los posos del vinagre.

A partir del siglo III d.C. empieza a usarse tintas de base mineral, uno de los procedimientos de elaboración consistía en picar agallas de encina o roble, mezclar el polvillo resultante con agua, y añadir finalmente sulfato de cobre o de hierro. Las de origen vegetal se elaboraban macerando la corteza de espino y sometiendo el jugo a sucesivas cocciones hasta formar una pasta a la que se añadía vino, tras nuevas cocciones la pasta producida se secaba al sol. 
Cuando se tenía que escribir se tomaba la cantidad necesaria de pasta seca y se disolvía en vino o agua.


Tabla 343, Vindolandia, madera y tinta
Se utilizaba la tinta de sepia y la tinta roja, de minio o bermellón, se usaba para escribir el título y los comienzos de libro. Los encabezamientos de leyes se hacían de rúbrica (ocre rojo). Suetonio menciona que parte de los poemas que Nerón recitaba en Roma se escribían con letras doradas (aureis litteris), y se consagraban a Júpiter Capitolino.
En Vindolandia se encontraron planchas de maderas locales escritas con tintas con base de carbón, en las que se han descifrado textos de diversa índole como la invitación de Claudia Severa a una amiga para celebrar un cumpleaños. Están datadas entre los siglos I y II d. C.

Del valor material y sentimental que los libros podían llegar a tener para los romanos nos queda este ejemplo de Ovidio desde su exilio: "Librito, irás a Roma, sin que te lo prohiba ni te acompañe, donde, ¡ay de mí!, no puede entrar tu autor. Ve sin adorno, como debe el hijo de un exiliado, y viste en tu desdicha el traje que los tiempos imponen. Que no te embellezca el tinte de la púrpura: no es adecuado para el duelo; que tu título no se escriba con bermellón, que tus hojas no reluzcan con aceite de cedro, ni que el marfil sobresalga de la página oscura. Que los libros dichosos muestren estos lujos; tú recordarás mi desgracia." (Ovid. Trist. I)

El atramentarium o tintero se realizaba en marfil, hueso calcinado o madera termoalterada (de sarmiento de viña). Se han encontrado cajas de madera con las paredes interiores impermeabilizadas con pez, algunos en cerámica, e incluso metales nobles.


MAN, Nápoles
Cuando un autor consideraba terminada su obra literaria, solía darla a conocer en una lectura pública, de tal forma que los escritores con cierta posición disponían en su casa de una estancia en su casa habilitada para ello, el auditorium. Se instalaba una tarima para que el autor, con un cuidado aspecto, intentara desde allí convencer con su actuación y prestancia al público asistente, invitado por el anfitrión. Los invitados que no deseaban ser vistos, como la señora de la casa, se ocultaban detrás de unas cortinas: "Asimismo, cuando celebro alguna lectura pública, se sienta cerca de mí, oculta detrás de una cortina, y escucha atentamente los elogios que recibo y que ella aguarda con la mayor ansiedad." (Plinio, Ep. IV, 19)


Escriba, tumba Flavia Solva
Los escritores más pobres debían recurrir a mecenas que les cedían su auditorium para la lectura."Ofrece su propia casa a los que desean celebrar lecturas de sus obras, pero, además, como hombre extraordinariamente afable que es, frecuenta las salas públicas de recitaciones, pues no sólo gusta de asistir a éstas en su casa." (Plinio, Ep. VIII, 12)

El que no tenía el favor de un patrón o no podía permitirse alquilar un lugar donde desarrollar su recitatio, buscaba cualquier lugar, en el que hubiera gente reunida, como el foro, las termas o bajo los pórticos.
En las ciudades había editores (librarii) con un taller en el que los esclavos copistas reproducían los escritores de los autores, a los que pagaban una pequeña cantidad, pero que no poseían derechos de autor.