Blog de la domus y la vida familiar en la antigua Roma

jueves, 22 de mayo de 2014

Gens togata, la toga romana y su simbología

Togado, Memorial Art Gallery, Universidad de Rochester

"Marco Varrón nos informa, basándose en su propia autoridad, que la lana en la rueca y el huso de Tanaquil estaban guardados aún en su tiempo en el templo de Sanco; y asimismo en el santuario de Fortuna había una toga regia plisada confeccionada también por ella y que había sido usada por Servio Tulio." (Plinio, Historia Natural, 8, 194)

La toga la heredaron los romanos de los etruscos y  la convirtieron de un simple pedazo de tela de lana para cubrirse, en un símbolo de status y poder social. Fue utilizada por los reyes romanos y Virgilio llamó a los romanos gens togata, como símbolo de pueblo civilizado.

Era una prenda imprescindible en la magistratura y en las ceremonias religiosas. Durante el Alto Imperio  fue el atuendo de gala ineludible para todo ciudadano romano en cualquier manifestación de carácter cívico. Siempre que el romano estuviera fuera de su casa debía vestir la toga, en los juegos, los discursos y visitas importantes. Era muy normal que se estrenaran togas en los festivales. 

Cuando el emperador u otro personaje insigne oficiaban una ceremonia religiosa se cubrían la cabeza con la toga y eran así representados (capite velato).

Una vez entrada la República las togas empezaron a distinguir no solo a los ciudadanos romanos de los no romanos, que no podían llevarla, sino también a los patricios de  los plebeyos y a los  nobles entre ellos.

Los antiguos romanos luchaban con la toga pero la echaban para atrás y la ataban alrededor del cuerpo a la moda de los Gabino, lo que dio lugar a la denominación cinctus Gabinus. Por su incomodidad en la batalla se fue dejando de lado y se sustituyó por otros mantos o capas. El cónsul llevaba su toga praetexta en esta forma cuando abría el templo de Jano.
La toga, palabra derivada del verbo tegere (cubrir) era una pieza de tela semicircular de lana blanca de varios metros de diámetro. 
Se cree que en la época anterior a la república la toga podía ser una tela rectangular que con el tiempo iría haciéndose más redondeada  hasta llegar a ser un semicírculo que necesitaba de ayuda para colocarla.


Augusto capite velato, Museo Pío Clementino, Vaticano
Según Quintiliano la toga era redondeada, aunque ahora parece ser que la iconografía demuestra que podía ser trapezoidal. La toga podía medir de largo unas tres veces la altura de un hombre adulto excluyendo la cabeza y su anchura media era igual a dos veces la misma longitud. Al vestirla se doblaba primero la toga a lo largo, y el vestido doble que se originaba así se colocaba en pliegues sobre el borde recto y se echaba sobre el hombro izquierdo. La toga cubría todo el lado izquierdo e incluso arrastraba por el suelo considerablemente. Entonces se tiraba del otro lado de la espalda y del brazo derecho, echándose de nuevo los extremos sobre el hombro izquierdo hacia atrás. Se tiraba una vez más de la parte del traje que cubría la espalda hacia el hombro derecho para añadir riqueza a los pliegues. El sinus es la parte de tela frontal que nacía del pliegue que pasaba por debajo del brazo derecho y que colgaba del lado inferior.
Uno de sus pliegues formaba un nudo (umbo) que se formaba por los pliegues a la altura del estómago.

Figura con toga de bronce, Museo de Jaén

“Que las bandas caigan rectas indican poco cuidado, se observa negligencia. Los modales de los que tienen la banda ancha deben ser adecuados a la tradición. Es de mayor agrado que la toga quede con un volumen correcto y tenga una buena caída, ya que de otro modo resultará excesivamente redundante. Su parte anterior queda perfectamente si termina a media pierna, la posterior un poco más alta de la cintura. El sinus queda muy bien si está algo por encima del cinturón del cinturón de la túnica, y nunca por debajo. El que va en oblicuo desde debajo del hombro derecho al izquierdo como una banda que no se estrangule ni cuelgue. La parte de la toga que se pone detrás, que sea más corta: así, en efecto, se sienta uno mejor, y se mantiene sin desparramarse. También se debe levantar una parte de la túnica, de modo que no moleste en el brazo con el movimiento. Entonces el sinus hay que ajustarlo al hombro, cuyo borde exterior se ha de mantener alejado. No conviene que cubra el hombro y todo el cuello, pues entonces el vestido quedará ajustado y echará a perder la gracia que hay en la parte del pecho. El brazo izquierdo debe levantarse hasta donde haga un ángulo normal, sobre el que las dos aberturas de la toga afirmen con regularidad.” (Quintiliano)


La toga más sencilla de los primeros tiempos era más estrecha y se ceñía al cuerpo mucho más, por tanto era imposible un doblez ancho de la parte que llega hasta el hombro izquierdo desde el brazo derecho cruzando el pecho.

La toga de periodos posteriores con sus ricos pliegues cubriendo todo el cuerpo impedía cualquier movimiento rápido que pudiera haber desordenado su cuidadosa disposición y era incómoda para moverse entre la gente o a la hora de hacer discursos. Para producir estos pliegues y darles cierta consistencia, el esclavo encargado de la vestimenta (vestiplicus) usaba  trozos de madera entre los pliegues y pequeños pesos de plomo cosidos a la parte inferior para darles una forma más definida. Además conservar su blancura conllevaba muchos cuidados y procesos de blanqueado que en seguida la desgastaban y la dejaban inutilizable.


Mosaico de Virgilio y las Musas, Museo del Bardo, Túnez

Marcial describe en uno de sus epigramas cómo su toga blanca pierde el color y está ya desgastada:

“Ésta es la famosa toga tan cantada en sus libritos, la que mis lectores conocen muy bien y le tienen cariño. Antes fue de Partenio, regalo memorable de un poeta. Con ella iba yo como un caballero digno de ver, mientras era nueva, mientras resplandecía esplendorosa por la pureza de la lana y mientras hacía honor al nombre de su donante (Partenio significa virginal). Ahora, vieja y difícilmente aceptable para un pordiosero tiritando de frío, podría uno llamarla “nívea” con pleno derecho.” (Marcial, IX, 49)

Macrobio, un escritor de la baja antigüedad, al describir los trabajos de un dandy, Hortensio, nos ofrece una estampa divertida de lo complejo que resultaba el traje formal romano:

“Para salir bien vestido, comprobaba su aspecto en un espejo, y así colocaba la toga sobre su cuerpo reuniendo los pliegues con un grácil nudo, colocándolos no de cualquier manera, sino con cuidado, de modo que el sinus quedara dispuesto cayendo hacia abajo, subrayando su contorno. En una ocasión, después de haberlo colocado todo con especial cuidado, denunció a un colega que se había rozado con él en un paso estrecho, destruyendo la estructura de su toga. Consideró un crimen que los pliegues de su toga se hubieran movido de su lugar preciso sobre su hombro”. (Macrobio, Saturnales, 3, 13, 4)
En un principio la toga la utilizaban tanto los hombres como las mujeres, pero éstas más adelante la reemplazaron por la palla. Las mujeres que vestían una toga eran mujeres de poca moral, generalmente, prostitutas que comunicaban así su oficio. Las mujeres divorciadas por adulterio también eran obligadas a ponerse una toga.

Pintura etrusca de joven con toga
En los primeros tiempos se ponía sobre el cuerpo desnudo, sin túnica por debajo, posteriormente, entre algunas familias patricias se seguía esta tradición.
La toga como traje nacional romano solo les estaba permitido llevarla a los ciudadanos libres. Un extranjero que no tuviera plena posesión de los derechos de un ciudadano romano no podía atreverse a aparecer con ella. Incluso los romanos desterrados estaban excluidos de llevarla en tiempos imperiales. La aparición en público con un traje extranjero se consideraba un desprecio a la majestad del pueblo romano.
“El mismo vestía una clámide escarlata, pero cuando estaba en Roma y las ciudades de Italia siempre llevaba la toga.” (Hist. Aug. Alejandro Severo)

En la ceremonia matutina de la salutatio en la que el cliente iba a casa del patrón a presentar sus respetos y recibir algún obsequio, el cliente era obligado a vestir la toga y llevarla a todos los lugares a los que acudía con su patrón, foro, teatro, baños, como símbolo de la posición social e importancia del señor, que se hacía acompañar de varios togados en su séquito.

“Me invitas por tres denarios y me mandas que, bien de mañana, vestido con la toga, haga antesala, Baso, en tu atrio; después, que me pegue a tu lado, que abra paso a tu palanquín, que vaya contigo a visitar más o menos a diez viudas. Gastada está, desde luego, mi pobre toga y no vale nada y es vieja; pero no me compro una, Baso, por tres denarios." (Marcial, Ep. IX, 100)

Las togas diferían por el color, por su adorno y por las circunstancias en las que se llevaba:

Toga virilis o pura: Era la toga que todo ciudadano romano comenzaba a utilizar al llegar a la mayoría de edad. Era de su color natural, sin adornos ni tintura.



Toga candida: La toga alba era blanca y cuando se utilizaba por los candidatos a una oficina pública se le llamaba candida, ya que era tratada con tiza (creta)  para darle un color blanco que resaltase la pureza de sus intenciones.

Toga praetexta: se llamaba así por el borde púrpura que se le ponía. La llevaban los niños hasta alcanzar la mayoría de edad. El niño al llegar a los dieciséis años la cambiaba por la toga virilis. Las niñas la llevaban hasta que contraían matrimonio. También era el traje oficial de todos los magistrados que tenían derecho a la silla curul y a las bandas, los censores también la llevaban. Los sacerdotes y otros cargos la llevaban mientras desempeñaban su cargo oficial.
“Tulio Hostilio, el tercer rey de los romanos, una vez vencidos los etruscos, fue el primero que estableció que en Roma se tuvieran la silla curul y los lictores; la toga picta y la praetexta, que eran insignias de los magistrados etruscos. Ahora bien, en aquella época la praetexta no se utilizaba en edad infantil, pues, como lo demás que he enumerado, era un vestido de honor.”(Macrobio, Saturnales)

Toga picta, tumba etrusca de François, Vulci

Toga picta: Su nombre se debe al dibujo que llevaba bordado y la vestían los generales victoriosos durante sus desfiles triunfales; también en tiempos imperiales los cónsules que entraban en su cargo, los pretores en la pompa circensi y los tribunos del pueblo en la fiesta de la Augustalia. Se llamaba capitolina por ser el traje de fiesta del Júpiter Capitolino. El senado la regalaba a los nobles extranjeros. La toga purpura, se diferenciaba de la picta  por estar completamente teñida de púrpura, pero no llevar dibujos. Se utilizaba por los antiguos reyes y también por algunos emperadores.

Polibio describe las togas que llevaban los personajes insignes en las procesiones funerarias:


"Estos hombres llevan, además, toga bordada de púrpura (pratexta), si la máscara (del difunto) corresponde a un cónsul o pretor, toga púrpura (purpurea), si se trata de un censor y toga bordada de oro (picta), si se trata de alguno que obtuvo un triunfo." (VI,53)


Una toga sucia se llamaba sordida y al que la llevaba se le consideraba desaseado y desordenado (sordidati), aunque en los juicios el acusado y su familia llevaban sus togas oscurecidas para imitar la toga pulla, que estaba reservada a los ritos religiosos funerarios. Durante el servicio religioso los asistentes vestían una toga pulla (negra o gris), pero se la quitaban para asistir a la comida que se servía posteriormente.

“Me gustaría preguntarte qué tenías en mente cuando te presentaste en el banquete de mi amigo Quinto Arrio vestido con una toga pulla. Antes del banquete tú viste al señor y sus amigos vestidos con la toga pulla, pero no les viste así vestidos durante la comida.” (Cicerón, Contra Vatinio)

Toga contabulata, Maximino el Tracio, 
Museos Capitolinos, Roma
Toga contabulata: Se llevaba en forma de banda cruzada al pecho y se puso de moda durante el reinado de Filipo I y se llevó durante los siglos III y IV d.C.

 Es muy posible que muchos ciudadanos estrenaran una toga nueva durante los festivales más importantes y los más humildes podían blanquear las viejas. La toga de lana gruesa se llamaba pexa y la gastada o fina se conocía como trita o rasa, que se utilizaban más frecuentemente en verano. La toga de los más ricos y nobles era más fina y más larga (laxior) que la de los más pobres. La toga más basta se llamaba crassa o pinguis.

En el Bajo Imperio la toga, por su incomodidad, dio paso al pallium o palio, manto más cómodo y sencillo, incluso en ceremonias oficiales. El palio ya era la prenda típica de filósofos y otras profesiones.



Hombre con palio, Museos Capitolinos, Roma

"No hay nada más conveniente que el palio, incluso si es doble, como el de Crates. No se pierde tiempo al ponérselo, porque el único esfuerzo que requiere es cubrirse con algo suelto." (Tertuliano, De Palio) 


Bibliografía:


www.yorku.ca/.../cv/.../ch%201%20Edmondson.pdf, Public Dress and Social Control in Late Republican and Early Imperial Rome, Jonathan Edmondson.
dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/95275., APROXIMACIÓN AL ESTUDIO DE LAS ESCULTURAS DE TOGADOS EN HISPANIA. Luis Baena Alcázar.
museosorolla.mcu.es/pdf/piezames_junio2011.pdf, El togado romano del segundo jardín, Andrea López Azcona
La vida cotidiana en Roma en el apogeo del Imperio, Jerome Carcopino

The world of Roman costume, Judith Lynn Sebesta y Larissa Bonfante, Google Libros


sábado, 3 de mayo de 2014

Lapis specularis, iluminación interior de la casa romana

Ventana romana, En mi estudio, Alma-Tadema

El lapis specularis o piedra especular es una variedad del mineral del yeso que se utilizó en época romana para permitir la iluminación de interiores con luz natural y proteger de las inclemencias atmosféricas.
Su gran resistencia hacía de la piedra especular un material muy resistente, superior incluso al vidrio, lo que permitía instalarlo en lugares expuestos a fuertes lluvias y granizo. Además se conocían sus propiedades como aislante acústico y térmico.

Lapis specularis de Ossa de la Vega, Cuenca

El lapis specularis se conoce como espejuelo porque cuando la luz natural o artificial incidía sobre el mismo, brillaba, literalmente, como en un espejo. Por este efecto se empleaba como ornamento para bóvedas, paredes y pavimentos en edificaciones públicas y privadas.
Según el historiador Plinio, en Hispania se desarrolló un complejo minero en la provincia de Cuenca para la extracción del lapis specularis, que conoció un gran auge y dio lugar a la ciudad de Segóbriga.

“Efectivamente, estas piedras se pueden cortar, en cambio, la especular, a la que también se califica como piedra, tiene unas características que permiten cortarla con mayor facilidad en láminas todo lo finas que se quiera. Antiguamente sólo se encontraba en la Hispania Citerior, y no en toda ella, sino exclusivamente en un área de cien mil pasos alrededor de la ciudad de Segóbriga.” (Plinio, H.N. XXXVI, 160)

Minas de lapis specularis, Torrejoncillo del Rey, Cuenca

El material, una vez extraído de la mina, se cortaba con sierras, se separaba en láminas y se embalaba para su distribución y exportación.
Las láminas se montaban en bastidores ajustables al tamaño de los vanos de las edificaciones. Los armazones se hacían principalmente en madera, aunque también se usaba cerámica y metal.
Con acristalamiento de yeso especular, se construyeron invernaderos para proteger las plantas y obtener cosechas fuera de temporada:

“Para que tus plantas de azafrán llenas de flores no teman al invierno o una recia brisa dañe el tierno bosque, unas vidrieras especulares evitan el cierzo invernal y dejan pasar el limpio sol y la luz sin sombra…” (Marcial, Epis. VIII, 14)

El emperador Tiberio cultivaba en la isla de Capri pepinos, a los que era muy aficionado. Los hortelanos del Emperador, en invierno, ponían la producción al amparo de vidrieras e invernaderos de lapis specularis.
Otras aplicaciones de esta piedra son las vidrieras en ventanales o celosías,  o ventanas de literas de transporte, además de elemento decorativo en espectáculos o banquetes.

“Después de un breve intervalo, Trimalción mandó servir los postres. Los esclavos retiraron todas las mesas y pusieron otras. Espolvorearon el suelo con serrín coloreado de azafrán y cinabrio, y – cosa nunca vista por mí – con piedra especular en polvo.” (Pet. Satyricon, 68)

Plinio describe la aplicación de piedra especular en los juegos circenses, extendiéndola en forma de virutas sobre el suelo del Circo Máximo, para conseguir una agradable blancura.
Otras piedras similares también se utilizaban con el propósito de proporcionar luminosidad a las construcciones. Suetonio cita la fengita o lapis penghites (variedad de mineral de silicio de color plateado y brillo nacarado) al escribir sobre la obsesión de Domiciano a ser asesinado:

“Cada vez más angustiado hizo revestir de brillante fengita las paredes de los pórticos por los que solía pasear para poder vigilar, mediante las imágenes reflejadas en su superficie pulida, lo que acontecía por detrás de él.” (Suetonio, Vida de los Doce Césares, Domiciano)


El alabastro, piedra de aspecto marmóreo, dúctil y translúcido se utilizó en la arquitectura paleocristiana y bizantina en lugar del vidrio para cubrir ventanas, pero es más delicado que la piedra especular. En el mausoleo de Gala Placidia, siglo V d.C. se pueden ver ventanas de alabastro.

Ventana de alabastro, Mausoleo de Gala Placidia, Rávena, Italia

Bibliografía

El comercio del lapis specularis y las vías romanas en Castilla-la Mancha; María José Bernárdez Gómez & Juan Carlos Guisado di Monti; Vías de comunicación romanas en Castilla-la Mancha; Gregorio Carrasco Serrano (Coord.)
www.lapisspecularis.org/PALLAS%202.pdf; Las referencias al lapis specularis en la Historia Natural de Plinio el Viejo, María José Bernárdez Gómez y Juan Carlos Guisado di Monti

http://www.lapisspecularis.org/pdf/LA%20MINER%C3%8DA%20DEL%20LAPIS%20SPECULARIS%20Y%20SU%20RELACI%C3%93N%20CON%20.pdf; La minería del lapis specularis y su relación con las ciudades romanas de Segóbriga, Ercávica y Valeria;  María José Bernárdez Gómez y Juan Carlos Guisado di Monti