Blog de la domus y la vida familiar en la antigua Roma

domingo, 1 de febrero de 2015

Adornatus, joyas y símbolos del hombre romano


Retrato de El Fayum, Museo Británico
En el mundo romano una joya se usaba para simbolizar un status, además de para adornar.   De la sencillez de los primeros tiempos de roma se pasó con las sucesivas conquistas en Oriente a la pasión por el lujo y el exceso debido a la influencia de los gustos asiáticos.

El anillo reflejaba la clase social a la que se pertenecía y, con posterioridad, el nivel económico del portador.
Según la costumbre antigua, heredada de los etruscos, los ricos patricios llevaban en la mano derecha una sortija de hierro. Durante la República, el anillo de oro se reservaba para ciertas ocasiones y personas. Los enviados al extranjero en una embajada llevaban un anillo de oro como muestra de su dignidad, pero una vez de vuelta lucían el de hierro otra vez. Los nobles con puestos oficiales y sus descendientes masculinos tenían el privilegio de lucir el annulus aureus desde el 321 a. C. y los caballeros (equites) desde el 216 a. C. Cuando se produjo la tercera guerra púnica los tribunos militares tenían ya el derecho a llevarlo. Augusto, según Dión Casio, otorgó el derecho a llevarlo al médico que consiguió curarle, Antonio Musa. Con Tiberio fue concedido a los ciudadanos libres y poseedores de 400.000 sestercios, lo que supuso que la distinción fuera perdiendo su valor. El emperador Septimio Severo, en el año 197 d. C., permitió a todos los soldados llevar anillos de oro con lo que dejó de ser un signo de mérito social. A finales del Imperio todos los ciudadanos libres podían llevar un anillo de oro, los libertos uno de plata y los esclavos uno de hierro. Para distinguirlo de otros anillos adornados con diversas piedras, que podían llevar todos los hombres o mujeres de todas las clases, el anillo de oro mantuvo su forma original inalterada por la moda.

La función asignada principalmente al anillo en su origen fue la de sello para firmar documentos oficiales y privados.

“Él (Augusto) les dio también  a Agripa y Mecenas tanta autoridad en todos los asuntos que podían incluso leer con antelación las cartas que escribía al Senado y cambiar lo que querían. Con este fin recibieron un anillo con el que podían firmarlas otra vez, ya que había hecho duplicar el sello que usaba, cuyo diseño era una esfinge en los dos. No fue hasta más tarde que hizo grabar su propia imagen en su sello, que fue el utilizado por los emperadores posteriores excepto  Galba, que usó un sello de sus antecesores, con un perro asomado a la proa de un barco.” (Dión Casio, LI, 3)

Pero también hay testimonios de su uso como recipiente de veneno para quitar la vida propia o ajena. Plinio recoge en su Historia Natural que el guardián del templo de Júpiter Capitolino se suicidó con el veneno de su anillo para evitar ser torturado, cuando 2000 libras de oro fueron robadas de un compartimento secreto dentro del trono de Júpiter durante el tercer consulado de Pompeyo el Grande.

En el s. I a.C. no era usual llevar más de un anillo: Plinio dice: “Al principio era costumbre llevar anillos en el cuarto dedo solamente; después el dedo pequeño y el segundo también estaban ocupados por ellos, sólo el dedo del centro quedaba libre. Algunas personas se ponían todos los anillos en el dedo más pequeño; otros sólo ponían un anillo en él para distinguir que lo usaban para sellar.”

Retrato de Ammonius, Museo del Louvre
 Pero pronto cambió la costumbre. Marcial habla de un hombre que llevaba seis anillos en cada dedo día y noche.
“Carino lleva seis anillos en todos y cada uno de sus dedos y no se los quita ni por la noche ni al bañarse. ¿Preguntáis cuál es el motivo? —No tiene “estuche de anillos”. (Epigramas, XI, 59)

Para guardar los anillos usaban unos cofres llamados dactyliothecae. La gente rica tenía juegos de anillos; más ligeros para el verano, más pesados para el invierno. Existían dactyliothecae públicos y privados en Roma, donde se exhibían los camafeos traídos a casa procedentes de guerras extranjeras. Escaro poseía una colección de camafeos entre sus tesoros de arte griego. César dio seis colecciones de la misma clase al templo de Venus Genetrix.

“Muchas veces un anillo pesado resbala de los dedos con ungüentos; segura estará, sin embargo, tu joya bajo mi custodia” (Marcial, XIV, 123)

Anillo de oro con granate, Museo Metropolitan
 Muy común fue el gusto por los anillos adornados con gemas y camafeos, en los que los romanos gastaban enormes fortunas.  Expertos artistas griegos fueron los artífices de piezas exquisitas. Los hombres y mujeres romanos solían cubrir sus dedos con anillos de esta clase, usados en parte para sellar, en parte para adornar. Algunos ricos pecaron de un gusto excesivo por la ostentación, que algunos literatos criticaron.

“Zoilo, ¿por qué te gusta engastar una gema en toda una libra [de oro] y echar a perder una pobre sardónice? Ese anillo, les hubiera venido a la medida a tus piernas: pesos así no les van bien a los dedos”. (Marcial, XI, 37)

Entalle con retrato de Tiberio

El hecho de que un individuo eligiera la efigie de su emperador para llevarla en un anillo muestra admiración hacia su figura. El desarrollo del retrato individual es uno de los principales logros del arte romano, a pesar de que los artistas solían ser griegos, pero, al trabajar bajo un patronazgo romano, su trabajo respondía a las necesidades y gustos romanos. El retrato fue siempre valorado por los romanos, la reproducción de un rostro en una gema o una moneda y regalarla como colgante, insignia o anillo permitía su difusión entre sus contemporáneos.




El anillo bien pudo convertirse en un obsequio entre enamorados entregado como símbolo de fidelidad y recordatorio de amor eterno, como queda patente en este texto de Ovidio:  "Anillo que has de ceñirte al dedo de mi hermosa dueña, y cuyo valor lo fija el amor de quien lo regala, corre a su casa como un grato obsequio que reciba con franca alegría; deslízate rápido por sus flexibles articulaciones, y ajústate como ella a mí, a la medida exacta de su dedo, sin dañarlo. Feliz anillo, serás el juguete de mi ama; yo mismo, desgraciado, tengo envidia de mis regalos. Si pudiera de repente convertirme en mi propio regalo por la magia de Ea o del viejo de Cárpatos, entonces intentaría rozar el pecho de mi amada cuando, su mano izquierda penetrase bajo la túnica, y por más sujeto que estuviera, resbalaría del dedo, y libre, gracias a mi destreza, me posaría sobre su seno". (Amores)




Transcurridos 8 días para las niñas y nueve para los niños, al recién nacido se le imponía un nombre y se le colgaba al cuello una pequeña cápsula de metal, cóncava, en forma redonda, de corazón o de luna creciente, en cuyo interior había alguna sustancia considerada portadora de virtudes mágicas para ahuyentar el mal de ojo y evitar la envidia, entre otras. 

El origen etrusco de la bulla, a la que se conocía también como Etruscum aurum era opinión extendida en Roma. Plutarco se hace eco de una leyenda en la que la valentía de Tarquino, aún muy niño, le valió de su padre una distinción honorífica consistente en una bulla de oro. También Plinio remonta el origen a Tarquinio Prisco, que recompensó a su hijo, aún con la toga praetexta, con una bulla áurea por haber matado a un enemigo.


Niño con bulla, Museos Vaticanos

Inicialmente la bulla era privilegio de los jóvenes patricios cuyos padres hubieran sido magistrados con distinción curul. Solo después de la Segunda  Guerra Púnica se permitió su uso a todos los recién nacidos de origen libre. La bulla era el primer regalo que un padre hacía a su hijo. Y éste la portaría consigo hasta que cumpliera los 17 años, momento en que junto con la toga praetexta, la consagraría a los Lares o a Hércules. Persio alude a su mayoría de edad, en el momento en que, “por primera vez, azorado mozalbete, dejó de protegerme la toga pueril, y mi bulla colgó consagrada a unos Lares auténticamente romanos.” (Sat. 5, 30)

Bulla de oro, Museo Thornvaldsen, Dinamarca
La bulla habitualmente era metálica: de oro, la de los hijos, de los patricios; de plata, cobre o bronce, e incluso a veces de cuero, la de los hijos de los plebeyos o de libertos. La gente muy humilde se limitaba a llevar por bulla un nudo en el cinturón. De ahí que Juvenal en su sátira V contraponga la clase social patricia a la clase social más humilde aludiendo a quien en su niñez le cupo en suerte la bulla de oro etrusca, y a quien solo le fue dado un nudo, modesto distintivo de cuero.

“Los padres en tanto, estaban muy contentos viendo a sus hijos ir a la escuela muy engalanados y vestidos de púrpura, y que Sartorio pagaba por ellos los honorarios, los examinaba muchas veces, les distribuía premios y les regalaba aquellos collares que los romanos llaman bullas.” (Plutarco, 14, Vida de Sartorio)

Una especie de bulla-amuleto era lo que se colgaban también al cuello los generales victoriosos en su desfile triunfal, no tanto como distintivo, cuanto para protegerse de las envidias, de las maldiciones y del mal de ojo que, sin duda alguna, les dirigían sus enemigos. También las emplearon los cristianos, aunque intentaron proporcionarles un nuevo sentido grabando en ellas los símbolos de su religión.

Por algunos restos encontrados la bula podía estar hueca y contener una resina perfumada que proporcionaba un agradable olor en contacto con la piel.


Amuletos fascinus, Museo Saint Remi, Reims

Otro amuleto favorito de los romanos fue el fascinus (falo). Los genitales eran especialmente venerados como fuerzas creadoras de la naturaleza y los amuletos que los representaban eran llevados para liberar al hombre de los males humanos y divinos.

“Incluso llevaba joyas en sus zapatos, algunas veces encastadas – una práctica que incitaba a la burla de todos, como si, en verdad, el grabado de famosos artistas pudiese verse en joyas pegadas a sus pies. Gustaba llevar también una diadema enjoyada para incrementar su belleza y que su cara se pareciese más a la de una mujer y en su propia casa la llevaba puesta”. (Historia Augusta, Heliogábalo)

Retrato de El Fayum, sacerdote de Serapis



Suetonio menciona varios tipos de coronas otorgadas por el Senado como distinción en el campo de batalla. La corona cívica con hojas de roble por salvar vidas de ciudadanos romanos, la corona triunfal, de laurel, un signo de victoria para el general en su triunfo; la corona mural, almenada, para el que escalaba una muralla enemiga; la corona castrense en forma de vallado se e concedía al primer soldado en penetrar en el campo enemigo y la corona naval, que se otorgaba al primero que abordaba una galera enemiga, se adornaba con proas de barcos. A Claudio se le concedió las coronas naval y cívica tras sus victorias en Britania.

Corona de oro con Serapis,  Tesoro de Dush, Museo del Cairo



Heliogábalo llevaba una corona enjoyada cuando realizaba las funciones de sacerdote del dios Sol. Domiciano lucía una corona con las imágenes de Júpiter, Juno y Minerva cuando presidía la ceremonia dedicada a Júpiter Capitolino. Los sacerdotes que le acompañaban llevaban coronas con la imagen del emperador. 

Dión Casio cuenta que Augusto tuvo el privilegio de llevar la corona triunfal en todos los festivales.

Museo Petrie, Egipto
De las coronas de flores que los comensales acostumbraban a ponerse en los banquetes para aliviar el efecto de la borrachera y evitar olores desagradables, se pasó, con el gusto por el lujo y la ostentación, al obsequio de regalos suntuosos como joyas y coronas de oro para que los invitados las lucieran en las cenas más extravagantes.

“Y he aquí que desde el artesonado baja de repente un aro enorme, sin duda sacado de un gran tonel. Por todo alrededor colgaban coronas de oro y frascos de alabastro con perfume. Entretanto se nos animaba a que recibiéramos estos obsequios como regalos del patrón….” (Petronio, Satiricón, 60)

La diadema, que en el periodo helenístico significaba el poder, no se adoptó como insignia oficial de la Roma Imperial hasta la época de Constantino el Grande.

Torque, Museo de Palencia

El objeto de joyería más valioso para los celtas era el torques. Se trata de un collar rígido que nobles, guerreros, y otros personajes de la sociedad llevaban alrededor del cuello. Los torques se realizaban en una gran variedad de materiales y tamaños. Algunos consistían en un tubo hueco, y eran tan ligeros y flexibles que podían ser abiertos y retirados del cuello. Otros, en cambio, estaban hechos de gruesas varillas de oro retorcidas, o de hilos de plata, y eran tan grandes y pesados y estaban tan ricamente decorados que se reservaban para ritos ceremoniales.

Los etruscos y persas también solían llevar torques. Las estatuas de dioses solían adornarse con estos collares y también las de guerreros muertos en batalla eran representados con ellos.


Tito Livio describe una batalla contra los Boii cerca del lago Como tras lo cual el victorioso ejército romano recogió un enorme botín incluyendo un gran torque de oro de gran peso que fue regalado a Júpiter en el Capitolino.

El romano Tito Manlio en el 361 a. C. retó a un galo a un combate, lo mató y se llevó su torque. Como siempre lo llevaba puesto, recibió el apodo de Torcuato que fue adoptado por su familia como sobrenombre. A partir de ese momento los romanos otorgaban el torque a los soldados que se distinguían en las batallas en tiempos de la República.
"(Manlio) dejó el cadáver de su enemigo caído intacto, a excepción de su torques, que se puso en el cuello aún manchado de sangre. El asombro y el miedo dejaron inmóviles a los galos; los romanos corrieron impacientes desde sus líneas para encontrarse con su guerrero y, entre aclamaciones y felicitaciones, lo llevaron ante el dictador. En los versos improvisados que cantaban en su honor le llamaban Torcuato (adornado con torques), y este apodo se convirtió con posterioridad en un orgulloso nombre familiar. El dictador le dio una corona de oro y, delante de todo el ejército, aludió a su victoria en los términos más elogiosos." (Ab Urbe Condita, VII, 10)

Torque del tesoro de Snettisham, Museo Británico, Londres


Quintiliano relata que los galos regalaron a Augusto un torque que pesaba 100 libras romanas (casi 33 kilos) por lo que queda patente que este tipo de ornamento al no poder ser lucido por su destinatario debido a su peso debía ser tomado como una ofrenda hecha a los dioses o como un reconocimiento de la superioridad del que lo recibe.

Fíbulas romanas, Museo de Conimbriga, Portugal

La fíbula es un objeto metálico diseñado para sujetar las prendas de vestir. Para tal fin posee un mecanismo que le permite abrir y cerrar múltiples veces, y abrir lo suficiente como para ensartar las ropas cómodamente y cerrar de forma segura para mantener lo sujetado, pudiendo ser accionada cuantas veces se necesite. Un resorte relaciona la aguja que engancha la prenda y el arco que mantiene la tensión y aporta el sistema de cierre. El componente estético recae también en el arco. 

Fíbula de oro con camafeo y gemas, Museo Metropolitan, Nueva York

Su tamaño está en consonancia con la prenda a que se destina y su diseño refleja el gusto y la posición económica del propietario. Podía adornarse con diversas técnicas, como la filigrana, la incrustación de gemas, el esmaltado y la aplicación de pasta vítrea, hueso o coral. 

Fíbula con escena de caza

Además de ser un objeto de uso cotidiano y un adorno, la fíbula tenía un valor simbólico, dado que las figuras y formas representadas en su diseño podían significar los gustos, el rango militar o la pertenencia del dueño a la élite ecuestre o guerrera. Se han hallado fíbulas con escenas de caza, de gladiadores luchando y de temas heroicos y mitológicos. La clámide y el paludamentum de los militares (capas) solían asegurarse con una fíbula en el hombro. 

Retrato de Vespasiano con fíbula

Como objeto de adorno la fíbula acabó convirtiéndose en un producto de lujo y, por tanto, un exponente de riqueza, sometido a la influencia de las modas y la continua variación de tipos y formas. Su función práctica llevó a la continua evolución de algunos de sus elementos para lograr que la pieza permaneciese en la posición más indicada a la hora de sujetar con firmeza la prenda . Su triple valoración como objeto útil, decorativo y simbólico ha permitido que actualmente se conozca su tipología por haber sido reflejada en relieves conmemorativos, retratos, efigies monetarias y en lápidas funerarias, además de mosaicos y otras obras artísticas. 

Mosaico de las Tiendas, Museo Romano de Mérida

Se han conservado también como excelentes obras de orfebrería realizadas en bronce y oro, acompañando a los difuntos en sus tumbas desde los tiempos de las sociedades prerromanas hasta muchos siglos después. 

"(Escipión) le dio como regalo, un anillo de oro, una túnica con ancha banda, un manto Hispano con una fíbula de oro…" (Tito Livio, XXVII, 19)


Hebilla de cinturón


Para ser vestida con propiedad la túnica militar requería un cinturón que los romanos tomaron de los galos y que era un importante símbolo de identidad del soldado. Realizado en cuero o metal se adornaba con placas o hebillas, profusamente decoradas con joyas a finales del Imperio. Antes del siglo I se llevaban dos cinturones, uno para la espada y otro para la daga, y posteriormente solo uno para ambas armas.

"Llevaba joyas en sus zapatos, usaba solo una fíbula enjoyada y a menudo un cinturón con joyas también". (Carinus, Historia Augusta)


Que los hombres llevaran joyas se consideraba afeminado, pero algunos personajes históricos llevaron su excentricidad y afán por el lujo y la ostentación hasta la exageración de adornar sus ropas y calzado con metales y piedras preciosos. Calígula llevaba sandalias cosidas con perlas, según cuenta Plinio el Viejo.


Entalle con escena de caza, Museo Metropolitan
Ya en el 5000 a. C. artesanos de Mesopotamia solían trabajar en materiales como piedra, madera, vidrio o piedras preciosas para tallar figuras en las que únicamente se perfila su contorno, es decir, se crea una imagen remarcando los bordes del dibujo y rebajando el material. Esta es la técnica del entalle o intaglio. Los antiguos artesanos de Egipto, Grecia, Etruria y Roma también aplicaron esa técnica a la joyería.  del 250 a.C. se desarrolló una nueva técnica en la que se recortaba un área en torno a una figura, donde los artesanos formaban imágenes en relieve, lo que daba lugar al camafeo o cameo. Los diferentes tonos se explotaban para reforzar la apariencia de profundidad con composiciones de múltiples colores. 

Aunque los intaglios son cóncavos y los cameos son convexos la técnica aplicada era la misma. El grabado se realizaba por incisión que se practicaba sobre la superficie de las piedras: piedras semipreciosas o gemas, piedras duras y, más habitualmente, piedras preciosas. Sobre estas piedras actuaban puntas de diferentes formas según el diseño que se quería realizar. Las puntas antiguamente se utilizaban a mano y para facilitar el movimiento de la punta, entre ésta y el material que había de ser sometido a incisión se introducía una mezcla de polvo abrasivo mezclada con aceite.

Camafeo con retrato de Caracalla en amatista
Los camafeos se elaboraban en piedras polícromas que poseían varias capas, unas claras alternando con otras oscuras, especialmente la que sirve de fondo de la imagen, para conseguir efecto de profundidad y variedad de color. Las piedras más empleadas fueron las calcedonias, ágatas y sus variedades, el jaspe y más raramente el lapislázuli. Sin embargo, se hacían también camafeos en ámbar, coral, azabache, etc. La talla de piedras preciosas en época romana fue primero un simple complemento a la elaboración de la joyería, para más tarde convertirse en un arte conocido actualmente como glíptica. Antes de la conquista romana, las piedras grabadas era un lujo en las regiones de la Galia, Britania y el Danubio, pero después de la conquista no solo se convirtieron en un objeto personal, sino en un elemento de adaptación e integración en el modo de vida romano.







La función primitiva de estas piezas era la de sello, utilizado por gobernantes, comerciantes o ciudadanos para dar autenticidad a documentos. Las gemas con entalles estampados en cera o arcilla eran la única forma efectiva de firmar. 

“Pero si ves todos los tribunales llenos de semejantes querellas, si tras leer diez veces los pagarés la parte contraria, aseguran los otros que no son válidos los autógrafos de unas tablillas sin cumplimentar aunque queden convictos por su propia letra y por el sardónice (la primera de las gemas, que se guarda en joyeros de marfil)” (Juvenal, XIII,139)


Estas piedras, que en la República y a principios del Imperio solo estaban disponibles para la élite y se usaban principalmente como sellos, se hicieron más accesibles, y perdieron el valor que tenían de único objeto identificador de productos y posesiones. 

Varias circunstancias favorecieron el uso más amplio de estas piedras: la Pax Romana aumentó el número de clases sociales e hizo que las materias primas fueran más fáciles de obtener. La mayoría de las gemas, sobre todo, la preciada cornalina, provenían de la India, aunque algo se extraía de la provincia de Noricum (Austria). La piedra sardónice, procedente de la India y Arabia, se hizo particularmente popular por su color y por la característica de evitar que la cera se quedase adherida al sello cuando se estampaba en las tablillas.

"El primer romano que llevó sardónice, según Demostratus, fue Escipión el Africano, y por eso desde su época esta piedra se han tenido en gran estima en Roma." (Plinio, XXXVII, 23)


Los entalles adquirieron un carácter más ornamental, siendo utilizados, sobre todo, engarzados en anillos como objetos de adorno. La función original como sello quedó reservada casi exclusivamente para el anillo imperial o de los personajes de alto rango que tenían que emplearse en los documentos oficiales. También tuvieron desde antiguo ciertas propiedades que proporcionaban protección frente a maleficios y conjuros según el tipo, color y calidad de las piedras en las que fueron tallados. 

Anillo con figura de Némesis

Figuras de deidades protectoras, tales como Mercurio, la diosa Fortuna o Salus, o animales y símbolos que se creía, daban buena suerte se representaron con asiduidad. En los camafeos se representaban figuras humanas y fundamentalmente retratos, representados en pequeña miniatura.
Uno de los temas que era elegido para ser llevado grabado en la gema era el retrato imperial. 

Camafeo con retrato de Claudio

Plinio cuenta que el emperador Claudio dio permiso para llevar su retrato grabado en un anillo de oro y, por este motivo, han llegado hasta nosotros numerosos retratos imperiales en gemas engarzadas en anillos.
Los entalles su utilizaron a menudo como insignia personal o como recuerdo de la tradición familiar. Julio César tuvo un anillo de sello grabado con Venus Genetrix, supuestamente antecesora de su familia.

En Grecia se produjeron los más artísticos y perfectos camafeos, y los conservados en Roma fueron hechos principalmente por artistas helenos.


El tallador de gemas griego Solón (70-20 a.C.) trabajó en círculos imperiales romanos, modelando retratos idealizados del emperador Augusto y su hermana, junto a imágenes de figuras mitológicas. Dioskourides (65-30 a.C.) fue un maestro tallador de Aigeai en Asia Menor y es uno de los pocos tallistas mencionados en la literatura. 

Sardónice con retrato de Augusto
Parece que diseñó el sello personal del emperador Augusto : “En cartas de recomendación, documentos y cartas personales, al principio usaba una esfinge como sello, después un retrato de Alejandro Magno, y finalmente su propio retrato, tallado por la mano de Dioskourides; éste último lo utilizaron los siguientes emperadores”. (Plinio, Historia Natural)

En la Roma Imperial, las piedras grabadas despertaban auténtica pasión y llegaron a formarse grandes colecciones de gemas y camafeos, aplicados con profusión a anillos, broches, vestidos, candelabros, vasos y otros utensilios.

Hacia la segunda mitad del siglo II, la demanda de entalles fue incluso mayor debido a un mundo en crisis en el que la religiosidad se vio influido por el aumento de la superstición. El arte de tallar las gemas se estandarizó, excepto en los talleres que trabajaban para la corte. Se hizo más difícil obtener los materiales y los que querían joyas elegantes tenían que recurrir a usar entalles antiguos.
Entalle cristiano con barco
La llegada del Cristianismo animó a no llevar joyas para alejarse del lujo, pero si se permitió llevar un solo anillo con función de sello y en el que se aconsejaba no mostrar ídolos paganos, sino motivos cristianos: “Nuestros sellos deben llevar la imagen de una paloma, de un pez, de un navío a pleno viento; de una lira, de la que se servía Polícrates o de un ancla que Seleuco hizo grabar en su anillo.” (Clemente de Alejandría, El Pedagogo, III, 11) 

Anillo estilo franco,, siglo VI, Museo Metropolitan
En el siglo IV d. C. el arte del grabado se mantuvo en la corte y en algunas ciudades, quizás en Tréveris o en Colonia. Las gemas ahora apenas llegaban del Este y la demanda había caído, aunque todavía había una rica clientela. Aparecieron unos nuevos clientes, los jefes bárbaros, que al contactar con la civilización romana, pronto vieron los entalles y camafeos, como un signo de distinción. Los tesoros hallados de finales del siglo IV revelan entalles antiguos montados en anillos de la época; a veces las piedras se recortaban sin consideración por el grabado anterior. Esta costumbre continuó en los siglos V y VI.

Justiniano, San Vitale, Ravenna, Italia

Las joyas que vemos reflejadas en el arte bizantino muestran un mayor gusto por el exceso y podemos ver que coronas, broches, pendientes y coronas aparecen con piezas que cuelgan aparatosamente de ellos y la cantidad de piedras preciosas y perlas aumentan.



Bibliografía:
El arte latino-bizantino en España y las coronas visigodas de Guarrazar ... José Amador de los Ríos, Google Libros.
Glíptica: camafeos y entalles de la Universitat de València, Google Libros.
theses.gla.ac.uk/318/2/2007pinckernellemphil.pdf, The Iconography of Ancient Greek and Roman Jewellery, Kathia Pinckernelle.
http://www.penn.museum/documents/publications/expedition/pdfs/6-2/ancient.pdf, Ancient safety pins. Their function and significance, Oscar W. Muscarella.
https://www.metmuseum.org/.../3258219.pdf.banner..., Greek, Roman, and Etruscan Jewelry, Andrew Oliver, J.R.

10 comentarios:

  1. Me han gustado los anillos personalizados y los relatos que has subido en la web, son muy buenos!

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  3. Superinteresante, he aprendido un monton de cosas que no sabia. Muchas gracias

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    1. Agradezco su comentario. Yo también aprendí mucho al recoger información sobre el tema. Un saludo.

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  4. holaa! encontré tu paguina por casualidad porque ando buscando parecidos y info de un anillo que encontré en el campo enterrado y lo vi algo parecido pero no del todo al anillo de la imagen tercera, si te gusta o sabes de alguien que le guste todo el mundo de lo antiguo que me podría ayudar o decir algo del anillo te lo agradecería aunque no se si el anillo sea algo muy importante pero para sacar las dudas. si te interesaria te podría mandar una foto

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    1. Siento no poder ayudar. Solo me intereso por el mundo romano y me documento, pero mis conocimientos son limitados. Tampoco conozco personalmente a nadie experto en la materia. Espero que encuentre ayuda. Saludos.

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  5. Hola, he leído este articulo y me gustaría ver que posibilidad hay de publicarlo entero o parte de el en una revista que se llama NAVEGANTES, es de la tropa cartaginesa Navegantes de Bomilcar de las fiestas de cartagineses y romanos de Cartagena, esta revista es edición anual, no se vende solo es para promocionar y me interesaria ponerme en contacto con usted para hablar sobre este tema

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  6. Hola, he leído este articulo y me gustaría ver que posibilidad hay de publicarlo entero o parte de el en una revista que se llama NAVEGANTES, es de la tropa cartaginesa Navegantes de Bomilcar de las fiestas de cartagineses y romanos de Cartagena, esta revista es edición anual, no se vende solo es para promocionar y me interesaria ponerme en contacto con usted para hablar sobre este tema

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    1. Gracias por vuestro interés. No habría inconveniente en su publicación. Enviadme un correo con el contacto para saber más del tema. Saludos

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