Blog de la domus y la vida familiar en la antigua Roma

miércoles, 3 de mayo de 2017

Capillus Veneris, estilos de peinados en la antigua Roma



“Venus estaba sentada en su trono resplandeciente, arreglando su pelo. A su derecha y a su izquierda permanecían las hermanas italianas. Una de ellas derrama rico néctar sobre la cabeza de Venus; otra peina su cabello con un fino peine de marfil. Una tercera, a su espalda, trenza sus mechones y coloca sus rizos, aunque dejando algunos a su aire, porque tal negligencia le sienta bien. No le faltaba a su rostro el veredicto del espejo; su imagen se refleja por todo el palacio y está encantada por donde quiera que mire”. (Claudiano, Ephitalamion)



La forma de peinarse en época romana indicaba un estilo de vida y definía la edad, el género y el estatus marital, social, religioso o económico del individuo.
La mujer libre mostraba su posición socioeconómica ostentando complejos y elaborados peinados, distinguiéndose así de la esclava que recogía normalmente los cabellos de forma muy simple. La mujer sin recursos económicos suficientes supliría con su habilidad personal la falta de medios para realizar un peinado siguiendo la moda.




Museo de Dion, Grecia, foto Carole Raddato
Retrato de Isidora, Museo Getty, Los Ángeles























Un cabello cuidado era un ornato imprescindible para ejercer la seducción y mostrar coquetería.

“Habladme de una cabellera cuyo color sea tan agradable como perfecto su brillo; cuyos destellos irradien vigorosamente a la luz del sol o lo reflejen con dulzura, presentando variados tonos, según le dé la luz. Unas veces serán cabellos rubios, cuyo dorado, menos deslumbrador en la raíz, tomará el color de un rayo de miel; otras veces serán negros, como el azabache, que asemejaría los matices azulados del cuello del pichón.
Finalmente, el peinado es un adorno tan ventajoso, que, a pesar del oro, los más soberbios trajes, piedras preciosas y demás ornamentos con que se presenta coquetamente adornada una mujer, si su cabellera está descuidada no habrá quien alabe su vestir”.
(Apuleyo, Metamorfosis, II)


Pintura de Alma-Tadema

Llevar una melena suelta podía significar desaliño o muestra de dolor y desesperación. En los funerales las mujeres no se tapaban la cabeza y llevaban el cabello sin sujetar.

"No están aquí mi madre para recoger en su triste regazo mis huesos calcinados, ni mi hermana para derramar sobre mis cenizas perfumes asirios y llorar, con sus cabellos sueltos, ante mi sepulcro." (Tibulo)

Pintura de Pompeya

Las Bacantes en las fiestas de las Bacanales soltaban su pelo como señal de lujuria y desenfreno. 

"De súbito aparecen las Bacantes con los cabellos tendidos por la espalda, y detrás la turba de los Sátiros que preceden al dios." (Ovidio, Arte de amar)

Bacante, pintura de Sorolla

El cabello sin sujetar era en la literatura símbolo de seducción y erotismo, y los poetas describían a sus amadas con el pelo suelto, que ejercía una fuerte atracción amorosa sobre ellos. Venus, la diosa romana de la belleza y el amor, era representada a menudo con su cabellera descansando sobre sus hombros sin adorno alguno.

"En este momento, tal como estés, con tus largos cabellos en desorden, con los pies descalzos, corre a mi encuentro, Delia. Este es mi ruego: que la blanca aurora de caballos de rosa nos traiga el brillante lucero de un día así." (Tibulo, I, 4)

Pintura de Pompeya, Museo Arqueológico de Nápoles,
foto de Samuel López

Una mujer respetable no solo debía comportarse según la costumbre de los antepasados, cuyo ideal de virtud se concretaba en el pudor y la castidad, sino también adquirir una determinada imagen asociada a esos valores. En la conducta personal de las damas patricias se destacaba sobre todo el aspecto exterior, de forma que reflejara una actitud altiva y sofisticada. El peinado más que un adorno era un símbolo de gran relevancia social, política y cultural. La elección del peinado correspondía al seguimiento de esos valores. 





Los romanos copiaron los peinados tanto masculinos como femeninos procedentes de anteriores civilizaciones y culturas con las que mantenían relación o de los pueblos por ellos conquistados. Los griegos en la época arcaica llevaban el pelo rizado u ondulado en largas trenzas sueltas, o atadas en lo alto de la cabeza.

Hasta el s. VII a.C. las encontramos representadas con el pelo suelto o recogido con una diadema alrededor de la cabeza o con una coleta baja.

Mujer con diadema, periodo griego arcaico, Museo de Arte Walters, Baltimore

Las mujeres en época clásica solían llevarlo recogido mediante una banda o cinta, para las que las mujeres de estatus alto y con un nivel adquisitivo elevado utilizarían materiales costosos y que a veces estas bandas pudieran ser prácticamente una diadema. 


La mítra era una pieza de tela larga y estrecha destinada a diversos usos, entre los cuales se encontraría el de ceñir y recoger la cabellera que se enrollaba alrededor de la cabeza para crear formas diferentes de recogido. Comienza a aparecer en las representaciones de Démeter y Kore a partir de época arcaica, pero no era una prenda reservada a las mujeres, como comentaremos más adelante, ya que también aparecen divinidades masculinas con este aditamento. 

Mítra, periodo griego clásico, Museo de Bellas Artes, Boston

El kekrýphalos sería una de banda de tela tejida o paño de forma rectangular que serviría para mantener el cabello y el peinado en orden. Parece ser que se utilizaba especialmente para mantener el peinado más usual de las mujeres en época clásica que era el moño, aunque también tenemos imágenes donde esta pieza de tela se utiliza para cubrir todo el peinado. También aparece descrito como una especie de gorro que cubría la mayor parte de la cabellera. Parece que el primer lugar donde se puso de moda fue en Atenas durante el período clásico. Estaban confeccionados en seda, lino o lana.




Finalmente, el sákkos aparece como una prenda tejida que seguramente formaba una especie de bolsa o saco del cual colgaban una especie de cintas o cordones que permitían atarlo o anudarlo alrededor de la cabeza y que ocultaba totalmente los cabellos. Resultaba muy parecido al kekrýphalos y a menudo ambos términos se usaban indistintamente. Parece que su uso se popularizó enormemente entre las mujeres griegas a partir del siglo v a.C.

Sakkos, periodo clásico griego, Museo de Bellas Artes, Boston


A veces se podía combinar el sakkos con la mítra, y todos los tocados para sujetar el cabellos podían ser de colores variados e ir bordados o adornados con piedras y metales preciosos.



En los primeros siglos de la República los peinados femeninos eran simples de acuerdo al papel de la matrona, una mujer centrada fundamentalmente en las labores domésticas y educación de sus hijos, que para mostrar su pudor y honorabilidad salía a la calle cubierta por un velo.



Museo de historia de la ciudad, Barcelona, foto de Samuel López


Las novias el día de su boda lucían el peinado seni crines en el que se trenzaban seis mechones de pelo y que parecía simbolizar la castidad de la futura esposa. 

"Ella misma le separa la cabellera con la aguja, le ciñe su vestimenta; ella misma le dispone el velo nupcial en sus virginales cabellos." (Epitalamio de Honorio y María, Claudiano)

Pintura de novia romana, Triclinio de la villa de los Misterios, Pompeya

Las vestales llevaban un tocado llamado infula en el que unas bandas de lana de color blanco y rojo, en número indeterminado, se enrollaban envolviendo la cabeza y terminaban en unas cintas sin nudos que colgaban sobre el torso. Algunos estudiosos del tema afirman que debajo se peinaban al estilo seni crines, pero otros señalan que cortaban su cabello. Encima se ponían el suffibulum, un velo que junto con la infula representaba la castidad y carácter sagrado de las sacerdotisas.


Busto de Vestal, Museo Getty, Los Ángeles


Tocado de origen helenístico es el recogido (krobylos) en forma de lazo en la parte alta de la cabeza o el moño bajo con mechones sueltos descendiendo por el cuello, pudiendo el resto presentar formas diversas. Si bien se trata de un peinado orientalizante propio del siglo I a.C., el motivo del cabello enlazado se vuelve a adoptar en las representaciones de divinidades en la iconografía altoimperial en el siglo II d.C. y hasta, al menos, principios del siglo III d.C.


Peinado con krobylos, foto de Samuel López


El estilo tutulus, reflejado en la escultura y pintura, es descrito por Varrón como un recogido de rizos en lo alto de la cabeza, atado con una cinta de lana, y fue utilizado durante casi toda la antigua Roma, y era el modelo elegido de las matronas hasta que posteriormente en el Imperio se impuso la variedad.

"Recibieron la denominación de tutulati éstos que en el culto suelen tener en sus cabezas como un cono. Esto se denominó tutulus por el hecho de que los cabellos recogidos en la parte alta de la cabeza que las madres de familia tienen ceñidos con una cinta recibían la denominación de tutuli." (Varrón Lengua Latina, VII, 44)


Pintura de Pompeya, Museo Arqueológico de Nápoles

Hasta la mitad del siglo I a.C. era común que las mujeres se peinaran con gran simplicidad, dividiendo el cabello por una raya central y recogiéndolo en un moño sobre la nuca.

Dama romana, Museo Arqueológico de Badajoz

En la segunda mitad del siglo I a. C. se impone otro peinado de origen helenístico el llamado de melón, en el que el cabello se dividía desde la frente en varios mechones retorcidos, que se recogen en la parte de atrás de la cabeza, bien en un moño bajo en la nuca o en uno más alto en la coronilla.

Niña con peinado melón y moño


"Perfumados con las esencias de Arabia, delicadamente peinados, recogiéndose en la nuca, ofrecen al amante que viene a verlos, la imagen de su rostro, y sonríe de placer. Otras veces trenzados en apretado rodete, coronan la cabeza; otras veces sueltos se deslizan por la espalda." (Apuleyo)

El peinado nodus o de Octavia, de estilo propiamente itálico a finales de la república, consistía en dividir el pelo en tres partes, por medio de dos rayas en la zona frontal. La zona central formaba un copete encima de la frente, mientras que por los laterales discurrían dos amplios mechones ahuecados, o estirados, que tras rebasar las orejas se recogían en la nuca o se trenzaban y anudaban en un moño sobre la parte posterior de la cabeza, quedando el cabello tenso y pegado al cráneo como un casquete.


Retrato de Octavia con nodus

Durante la época imperial, las esposas de los soberanos y las princesas de alto rango marcaban el éxito de un peinado y ejercían su influencia sobre las damas de linaje patricio; la moda se difundía por las esculturas, joyas y monedas que representaban sus rostros y adornos hasta el último rincón del Imperio.

Livia lució el nodus en la mayoría de retratos oficiales, casi siempre con mechones ondulados y voluminosos en las sienes.

Retrato de Livia con nodus, Museo Británico

Pero también exhibió múltiples variaciones, como el nodus con trenza, en el que el cabello se recoge en una coleta terminada en una trenza que se sube hasta la frente y se vuelve para caer por la parte trasera de la cabeza.



Camafeo con retrato de Livia

Una variedad permitía caer mechones ondulados o rizados a ambos lados del cuello desde el recogido. Alrededor de las sienes el cabello se mostraba con suaves ondas.

"Si suelta sus cabellos, encanta con su melena; si los anuda, hay que adorarla por su pelo recogido" (Elegía de Sulpicia)

Palazzo Massimo, Roma, foto de Samuel López

La moda y los gustos cambiaron durante los primeros años del Imperio y los peinados, ya al descubierto, se multiplicaron y se hicieron más sofisticados y complejos, como explica Ovidio:

“Mil modas hay de disponer el cabello; elija cada una la más favorecedora, y consulte con el espejo. El rostro ovalado pide una cabellera partida en dos sobre la frente como la llevaba Laodamia. Las caras redonditas pueden recogerlos en bosques a las asustadas fieras. A ésta le sienta bien y le favorece un peinado hueco y estrepitoso; aquélla cree que le cae mejor aplastado contra las sienes; siempre habrá alguna que se complace en sujetarlo con un peinecillo de concha; no faltará la que opta por agitárselo en ondas o rizos.” (Ovidio, Arte de amar, II)






El peinado con raya central y mechones ondulados que se anudan en un moño, una coleta o una trenza sobre la nuca, perdurará hasta finales del siglo II d.C. en los retratos de las matronas romanas.

"Rizar y ondular sus cabellos o sujetar la cabellera con lazos dándole forma en la poblada coronilla, o bien transformar el aspecto de la cabeza añadiendo cabellos." (Manilio, Astrología)

Antonia la menor, Harvard Art Museums, U.S.A.

Este tipo de peinado incluía a veces pequeñas matizaciones, como las amplias ondas que, partiendo de la sien, llegaban a cubrir totalmente las orejas o las trenzas que ocupan la parte posterior de la cabeza.


Retrato femenino, Museos Capitolinos,
foto de Marie Lan Nguyen

Livia en su madurez llevó el peinado tipo salus, así llamado porque este estilo lo llevaba la emperatriz al ser representada como personificación de la salud en monedas emitidas por Tiberio. Los mechones laterales parten de una raya central, pero se vuelven más abultados y las ondas se hacen más rizadas. Se anudan en la nuca en un moño más voluminoso. 

"Ellos, tan sutiles que parecían un finísimo vello, ¡ay, cuántos daños y vejaciones hubieron de sufrir! ¡Con qué docilidad soportaron el hierro y el fuego, al convertirse en rizadas trenzas que se enroscaban en espiral!"  (Ovidio, Amores)








     




















En época de Calígula, Claudio y Nerón el típico peinado con moño bajo de Livia se transforma enroscando la cabellera en espiral por los laterales y anudándola en la nuca en una coleta gruesa formada por trenzas, acompañada o no de dos tirabuzones que descienden por el cuello. Las mujeres de la casa imperial lo llevan en sus retratos: Antonia la menor, madre de Claudio, Agripina la mayor, madre de Calígula, Mesalina, esposa de Claudio, Agripina la menor, hermana de Calígula y esposa de Claudio, y las esposas de Nerón, Claudia Octavia y Popea Sabina.

"En mi adorada Fotis buscaba yo menos los encantos de su tocado que un decente abandono que la embellecía extraordinaria mente: sus cabellos, abundantes, se reunían en lo alto de su cabeza, de donde se desvanecían graciosamente para caer alrededor de su cuello, formando un collar de hermosos bucles." (Apuleyo, El asno de oro, II, 10)

Claudia Octavia, hija de Claudio, Museo de Cleveland

La raya central se irá sustituyendo por una orla de cabellos rizados en forma de caracol (anuli) que cubren toda la frente y dejan al descubierto las orejas, en una moda importada de Egipto y el norte de África.
Peinado de época Julio-Claudia, Museo Arqueológico de Nápoles, foto de Samuel lópez

El gusto por los rizos se fue incrementando durante la segunda mitad del siglo I. d.C. y durante los años de la dinastía Flavia el peinado sigue la moda que recuerda sobre todo un peinado de Julia, la hija del emperador Tito y de Domicia, esposa de Domiciano, llamado de nido de abeja, con un tupé frontal de rizos acaracolados y en el cual la melena se recogía hacia atrás en una gruesa trenza o moño.








Julia Flavia o Titi, hija de Tito y amante de su tío Domiciano 

Posteriormente evolucionó hacia un aumento de los rizos en volumen y altura mediante postizos, hasta conseguir un tupé frontal alto y abultado con bucles dispuestos en corona sobre la frente (orbi) que sobresale con exceso de la cabeza, gracias al empleo de una diadema de varias bandas de rizos artificiales que alcanza un alto grado de artificiosidad y donde el resto del cabello forma un moño trasero, compuesto por numerosas trenzas y postizos, que visto por detrás asemeja una rosca escalonada en la coronilla (torus).

 
Dama Flavia, Museos Capitolinos, foto de Samuel López

 Detalle del peinado de la dama flavia, foto de Samuel López

“¿Por qué no permitís descansar vuestro cabello, que tan pronto rizáis como los desrizáis?, ya los alzáis, ya los rebajáis, hoy los trenzáis, mañana los dejáis sueltos sin simplicidad; aparte de eso, no sé qué montones de postizos añadís; a la manera de casco de piel, como si fuera una pirámide y una cubierta para la corona; otra manera es echado hacia atrás mostrando el cuello.” (Tertuliano, De cultu feminarum)

 Este estilo gozó de gran popularidad durante algún tiempo, incluso en las provincias, como puede observarse en los retratos de El Fayum.

Peinado época flavia, Museo Nacional de Escocia, Edimburgo


Muchos autores ya dejaban escritas sus críticas a la artificiosidad en los peinados que llevaban a incluir postizos y pelucas y que hacían parecer a las mujeres más altas de lo que eran.

"Muchos pisos, armazones encima de su cabeza levanta: de frente una Andrómaca; por detrás más chica, creerías que es otra." (Juvenal, sátira VI)


Retrato con peinado flavio, Paestum, Italia, composición fotográfica de Samuel lópez

En los años de gobierno de Trajano se siguen utilizando los postizos, pero ahora los rizos son sustituidos por bandas de pelo superpuestas que se elevan y terminan en una punta redondeada o en pico y a veces se empleaba una cinta de cuero que, recubierta de cabellos, ocultaba la línea de unión entre la frente y el postizo, como puede apreciarse en los retratos de Plotina, esposa de Trajano.

Retrato de Plotina, Museos Capitolinos, Roma, foto de Samuel López

Durante los reinados de Trajano y Adriano se pone de moda un peinado con la apretada cabellera dividida por una raya central sobre la frente, con mechones ondulados en las sienes y recogiendo las trenzas por detrás en una rosca con varias vueltas que se fija en la parte superior de la cabeza. Lo exhiben las mujeres de la casa imperial de Trajano, su esposa Pompeya Plotina, su hermana Ulpia Marciana, su sobrina Salonina Matidia y las hijas de ésta, Matidia la menor y Vibia Sabina, esposa de Adriano.


Retrato de época de Adriano, Museo Arqueológico de Tarragona, foto de Samuel López

Una variante muestra como la raya central llega a desaparecer y el tocado de trenzas se encaja en la cabeza, envolviéndola por completo, como un turbante, y sujeto a ella por una redecilla.

Peinado estilo turbante, época de Trajano o Adriano,
Museo del Prado, Madrid

Durante la dinastía antonina a mediados del siglo II d.C., Faustina la Mayor, esposa de Antonino Pío, lucía en sus retratos un peinado que fue frecuentemente imitado, con algunas variaciones, tanto por damas de la corte imperial como del ámbito privado.

El cabello tiene una raya encima de la frente y está peinado hacia atrás en los lados. El cabello de la frente y de las sienes presenta ondas más o menos rizadas y se divide en dos, recogiéndose en gruesas trenzas que, partiendo de la nuca, se enrollan en la cima de la cabeza en un alto moño a modo de torre. 

"Utilizan instrumentos de hierro calentados en una débil llama para ensortijar a la fuerza sus bucles, y mechones elaborados con estilo bajan hasta sus cejas, dejando un estrecho espacio en la frente, mientras que por detrás las trenzas flotan con arrogancia hasta las espaldas." (Luciano, Amores, 40)

Faustina la mayor, Museo Metropolitan
Nueva York
Retrato de Faustina, vista por detrás












  













Faustina la Menor, esposa de Marco Aurelio, en su etapa más madura luce su cabello con amplias ondas que, partiendo de la sien, se anudaban discretamente en la nuca, llegando a cubrir totalmente las orejas o las trenzas que ocupaban la parte posterior de la cabeza.

"En cambio, en toda mujer siempre resplandece la gracia de su color, con sus bucles abundantes de racimos de cabellos, con su belleza purpúrea que se asemeja a las flores de jacinto, una parte cayendo por la espalda como adorno de los hombros y otra parte junto a las orejas y las sienes, más espesos que el perejil de los prados. En cuanto al resto de su persona, sin que les salga un solo pelo de más, refulge más que el ámbar, según el dicho, o que el cristal de Sidón." (Luciano, Amores, 26)
Retrato de ¿Faustina la menor?, Museo de la ciudad, Barcelona

La emperatriz Julia Domna, de origen sirio y casada con Septimio Severo, es representada habitualmente con un peinado que se caracteriza por presentar los cabellos ondulados que, divididos por una raya central, cubren las orejas mientras que, por detrás, se recogen en varias trenzas desde la nuca hacia la bóveda del cráneo formando una especie de malla.


Julia Domna


Durante el reinado de Caracalla, hijo de Julia Domna, en la primera mitad del siglo III d. C. se puede ver una vuelta al peinado de estilo melón en algunos retratos de su esposa Fulvia Plautila.


Plautila con peinado de melón, Museos Capitolinos, foto de Samuel López

Aunque en el estilo de Julia Domna el cabello ondulado originalmente cubría totalmente las orejas y el moño ocupaba gran parte de la cabeza, con posterioridad el peinado evoluciona dejando las orejas al descubierto para recogerse en la nuca en un moño oval aplastado, como se ve en los retratos de Julia Mamea, madre de Alejandro Severo hacia el año 220 d.C., fecha a partir de la cual es frecuente reconocerlo en retratos monetales y escultóricos de emperatrices y damas de la corte hasta finales de la dinastía severiana.


Julia Mamea
Vista trasera del peinado de Julia Mamea













  















Este modelo seguirá de moda entre las emperatrices y damas que vivieron en el periodo histórico conocido como crisis del siglo III d.C., comprendido entre la muerte del emperador Severo Alejandro en el año 235 d.C. y el acceso al trono de Diocleciano en el 284 d.C.


Retrato,vista trasera
Retrato época Severa





















En los peinados de la segunda mitad del siglo III aunque se continúa con la moda de los severos se ve en algunos retratos la introducción de rizos que sobresalen de la melena y que también adornan las sienes, lo que suaviza el aspecto más adusto de los rostros de época severa.









No todos los peinados correspondían a los retratos oficiales que han llegado hasta nuestros días. Las costumbres de los distintos territorios que integraban el imperio ejercían su influencia sobre las costumbres en el adorno femenino. En un mosaico del siglo III d.C. encontrado en Turquía una mujer es representada con tres coletas, una en lo alto de la coronilla y dos laterales que se envuelven en un tubo cilíndrico y terminan en un pequeño moño redondo.



Mosaico de Turquía, Museo de Ontario, Canadá


Algunos de los peinados que se imponen desde el siglo III al V recurren a los cabellos ondulados, divididos por una raya central, dejan las orejas descubiertas y se recogen en una trenza desde la nuca hasta lo alto de la cabeza como envuelto en una malla.

Retrato con peinado del siglo III o IV d.C., Museo de Arte Walters, Baltimore


También la masa de pelo se recoge en una ancha coleta o trenza aplastada que se sube hasta la frente, donde a veces puede enroscarse en forma de rulo, que en algunos casos se dobla hasta descansar sobre una diadema ornamentada de gemas y perlas, en un modelo con influencia oriental. La frente puede adornarse con pequeños rizos en forma de caracol.

Retrato siglo III o IV con rulo frontal, Museo de Bellas Artes de Boston

"Había agrupado sus cabellos trenzándolos hacia arriba, formando una torre en su cabeza, de forma que ese montón añadido aumentara la elevación de sus rizos y su frente altiva portara una cima sublime." (Prudencio, Psicomaquia)

Una versión más sencilla se puede apreciar en algunos retratos, como por ejemplo el de Cornelia Salonina, esposa de Galieno, en la que la coleta se estrecha y se dobla formando dos bandas que se doblan sobre lo alto de la cabeza.


Cornelia Salonina, Museo del Hermitage

Otro estilo de peinado de la época recupera la moda de turbante de los tiempos de Trajano, en el que varias gruesas trenzas se superponen unas a las otras y envuelven la cabeza completamente elevando la altura del tocado, pero a diferencia del siglo II, la pesada trenza no está puesta sobre la cabeza como un sombrero, sino que pasa oblicuamente por las orejas hasta cubrir una buena parte de la nuca.

"Por tu parte, más vale que no te pirres por que las narices te conozcan al pasar de aquí a allá gracias al perfume de tus vestidos y tus cabellos, ni tomes asiento con el moño de tus cabellos entrelazados en forma de ballesta, edificada con una torre en la cabeza, para que no te conviertas en causa de una funesta atracción para muchos, atraídos fatalmente por tu resplandor. Ni siquiera busques complacer para repulsivos propósitos a tu propio marido aumentando la estatura de tu cuerpo." (Paulino de Nola, Poemas, 25)


Retrato de Aelia Flacila, esposa de Teodosio I, siglo IV

En el siglo IV y posteriores es habitual cubrir el cabello con un pañuelo o velo que se sujeta con un broche y que en caso de las emperatrices y mujeres aristócratas puede llevar aderezos con joyas. Según la moda el cabello se adornaba con cintas, diademas, coronas y piedras preciosas.

“En sus cabellos, relucientes de perfumes, prende la blanca perla de las conchas marinas y con cadenitas de oro quedan sujetos los bucles de su cabellera.” (Prudencio, Hamartigenia)

Retrato de Ariadna, esposa de Zenón y Anastasio, siglo V

Por debajo el peinado aparece abultado y voluminoso porque una larga melena se peinaría en gruesas trenzas o coletas que se enroscaban unas sobre otras. Sin embargo, los peinados sencillos, con ondas o pequeños rizos y la melena sujeta en un moño recogido en la nuca, la cual queda al aire, parecidos a los de épocas anteriores, son visibles en los retratos de época bizantina que dejan sin cubrir la cabeza.


"A las mujeres les basta con atusar sus cabellos y recogerlos sencillamente con un simple lazo junto al cuello, y así dejan crecer con un cuidado sencillo una discreta cabellera, hasta alcanzar una belleza natural." (Clemente, El Pedagogo)

Retrato, siglo V, Museo Metropolitan, Nueva york

Por influencia de la moda oriental procedente de Asia Menor los tocados que se lucían en los últimos tiempos del imperio durante las ceremonias presentaban un desmedido lujo y fastuosidad en las que el cabello apenas aparece y las telas y gemas tienen todo el protagonismo según se ve en los retratos conservados.


"Y como una madre, cuando llega el pretendiente de su hija, adorna el rostro de ésta con especial habilidad y apresurada diligencia en la esperanza de un matrimonio más próximo, le retoca muchas veces con su mano el vestido y el ceñidor, le estrecha el pecho con verdes cintas de jaspe, recoge su cabello con piedras preciosas, rodea su cuello con un collar y llena sus oídos de resplandecientes perlas." (Claudiano, Sexto consulado de Honorio)


Detalle de mosaico, Villa del Rabaçal, Portugal

En los retratos de Palmira cuando formaba parte del imperio romano se puede apreciar como los peinados de las damas ricas mostraban cabellos ondulados, cubiertos total o parcialmente con un turbante que con el tiempo se adornaba con más y más joyas.

Retrato de Herta (Palmira), Galería de Arte,
Universidad de Yale







La utilización de la diadema griega (stephanos), privilegio de las diosas de época griega y helenística, empezó a utilizarse en los retratos de las damas de la familia imperial fallecidas y en tiempos de Nerón aparece en las imágenes de damas aún vivas. A finales del siglo I d.C. se incorpora a las representaciones de mujeres que no pertenecen a la casa imperial y, con frecuencia, dentro del entorno funerario. Si bien en los primeros casos el uso de la diadema podía significar autoridad y privilegio, después habría perdido tales connotaciones para mostrar un aire de respetabilidad y piedad.


Agripina, Museo de la ciudad,
 Barcelona, foto de Samuel López
Faustina la menor




























En el Bajo Imperio la diadema o tiara se convierte en un adorno lujoso para el cabello, sin otras connotaciones religiosas o sociales.

"La diadema es un ornamento propio de la cabeza de las mujeres; está confeccionada a base de oro y piedras preciosas; se ata por la parte de atrás abriendo sobre sí mismo los extremos." (San Isidoro, Etim. XIX, 31)



Mosaico de la llamada Dama de Cartago

Bibliografía:

Cosmetics & Perfumes in the Roman World, Susan Stewart
http://www.academicroom.com/article/hair-and-artifice-roman-female-adornment, Hair and the Artifice of Roman Female Adornment, Elizabeth Bartman.
http://www.nature.com/jidsp/journal/v10/n3/pdf/5640231a.pdf%3Forigin%3Dpublication_detail, Hairstyles in the Arts of Greek and Roman Antiquity, Norbert Haas, Francoise Toppe, and Beate M. Henz.
http://www.academia.edu/3777852/La_estetica_capilar_en_la_antigua_Roma_a_traves_de_las_representaciones_numismaticas, La estética capilar en la antigua roma a través de las representaciones numismáticas, Alejandro Fornell Muñoz.
http://www.rhm.uni-koeln.de/150/Watson2.pdf, A matrona makes up, Fantasy and Reality in Juvenal, Sat. 6,457–507, Pat Watson.
El arreglo del cabello femenino en época romana. Evidencias arqueológicas en la Bética occidental. Milagrosa Jiménez Melero.
https://www.academia.edu/21780830/El_recogido_femenino_como_elemento_de_diferenciacion_social_en_la_Antigua_Grecia, EL RECOGIDO FEMENINO COMO ELEMENTO DE DIFERENCIACIÓN SOCIAL EN LA GRECIA CLÁSICA, Esther Rodrigo y Gemma Fortea
ejournals.epublishing.ekt.gr/index.php/deltion/article/.../4490.pdf; Hairstyles and Headdresses of
Empresses, Princesses, and Ladies of the Aristocracy in Byzantium; Melita EMMANUEL
http://d2aohiyo3d3idm.cloudfront.net/publications/virtuallibrary/0866590048.pdf; Roman Portraits in the Getty Museum; Jiří Frel


Esta entrada actualiza y amplía la entrada Ornatrix, el arte del peinado femenino en Roma 



2 comentarios:

  1. ¡Interesantísimo y muy completo artículo! Muchas gracias por compartirlo

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